Diario de un tejedor 16: cómo ha cambiado mi vida tejer

collagediario

El diario, que cumplió su primer aniversario en Enero del 2013, es una sección de humor. La protagoniza un personaje basado en mí, por supuesto, pero sigue siendo un personaje. Lástima que en ocasiones ambos se confundan más de lo que me gustaría. Pues bien, esta vez permitidme que exponga una serie de reflexiones algo más serias sobre qué ha supuesto para mí aprender a tejer. No os preocupéis, la comedia está reservada para el final.

Lo más importante de aprender punto y ganchillo es que me ha aportado una muy efectiva cura de humildad. No hay nada como intentar hacer algo para apreciar el valor que tiene dominar una técnica. Pienso, por ejemplo, en una persona, de mi familia, cuya valía yo no supe apreciar como debía. Quizá no destacaba por su capacidad intelectual –tampoco recibió una buena educación-, pero era particularmente buena haciendo punto, ganchillo y, sobre todo, bordando. Realizó proyectos que yo posiblemente nunca seré capaz de replicar siquiera. Lástima que ya no esté viva para que pueda decírselo.

Tuve un profesor que decía que aprender era como ponerse unas gafas nuevas, es decir, mirar con otra lente. Él ponía el ejemplo de aprender a conducir, explicando que una vez obtienes el carnet, cuando subes a un coche, aunque sea de copiloto, ya no vuelves a estar como antes: te fijas en el resto de coches, en las señales, en los semáforos… Algo similar me ha ocurrido con el mundo tejeril. De pronto, es como si a mi alrededor se hubieran multiplicado las prendas tejidas. Las veo en todas partes: en la calle, en el cine, en las portadas de discos, en la publicidad… Supongo que han estado ahí siempre y yo no las veía. Pero claro, ahora llevo gafas tejeriles. Y no, no me refiero literalmente a gafas tejidas. Aunque ahora que lo pienso, no sería mala idea eso de llevar monturas de punto. Pensad en la de conversaciones que propiciaría:

–    Anda, llevas gafas. ¿qué es, miopía?
–    No, es punto de arroz.

Pero eso no es todo. En ocasiones me ha ocurrido que, al ver una chica atractiva, me acabo fijando en el tipo de punto de su jersey, su bufanda o cualquier otra prenda.  Claro que también me sigo fijando en el escote: mi vida ha cambiado, pero sigo siendo primario en muchas cuestiones. Eso sí, se me han escapado comentarios como “qué jersey más bonito llevas”  o “me encanta ese gorro”. Y menos mal que tengo novia, porque esa no es la manera más eficaz de ligar. Imaginad la siguiente escena protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman:

–    Muñeca, llevo un rato mirándote y no he podido evitar acercarme a ti.
–    Oh, ¿y a qué se debe, a mi mirada, a mis rasgos perfectos de belleza sueca?
–    No, no, nada de eso, son las trenzas de tu jersey.
–    Ah, te has fijado.
–    Ya lo creo. Me fascinan esos ochos y esa combinación de colores me gusta más que un whisky con soda.
–    Es lo último en intarsia.
–    ¿Qué hace un jersey como el tuyo en un sitio como este? ¿Qué te parece si subimos a mi habitación, querida? Tengo agujas y madejas de Wetterhoff.
–    Dicen que soy irresistible tejiendo del revés.
–    Ardo en deseos de comprobarlo.

(A la mañana siguiente, en la puerta de embarque de un aeropuerto)

-Oh, Humphrey, es increíble cómo manejas la aguja, has dado con el punto toda la noche.
-A mí nunca se me ha escapado un punto.
-¿Volveré a verte? Nunca he conocido a nadie que aguante tanto tiempo sin perder tensión.
-No lo sé, tenemos que separarnos. Tienes que subir a ese avión para comprar más lana. Ni siquiera pudiste terminar el chal que empezaste anoche.
-No quiero ningún chal si no lo tejo contigo.
-Escúchame, si no subes a ese avión, lo lamentarás. Tal vez no hoy, ni mañana, pero sí en cuanto veas un nuevo patrón en Ravelry y no tengas con qué tejerlo.
-¿Pero qué será de nosotros?
-Siempre nos quedará Paris.
-Querrás decir París, con tilde.
-No, Paris, el color de Abuelita Yarns. No lo teníamos, lo habíamos perdido, pero lo recuperamos anoche.
-Es verdad, estaba debajo de tu mesita.
-Ahora, déjame y cómprate las madejas más bonitas que veas en La Maison Bisoux.
-Está bien, lo haré por ti, por nosotros. Ya que no puedo sentir tu calor, al menos sentiré el de una manta tejida a mano con Super Bulky.

Qué pena que este final alternativo de Casablanca nunca se exhibiera en los cines. Tampoco acaban juntos, pero sería inolvidable la escena en la que él dice “téjelo otra vez, Sam”.

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[Episodio inicial]

7 comentarios en “Diario de un tejedor 16: cómo ha cambiado mi vida tejer

  1. Seguro que un final así hubiera tenido mucho más éxito,jeje… Estaría bien tejerte una gafas, sería un puntazo, de arroz o el que sea 😉besos!

  2. Que bien has tejido esta historia. Que razon tenia tu profesor, una vez aprendes lo ves con otros ojos. Y dedicate a guionista serias buenisimo porque tienes la paciencia de las-os tejedores. un beso

  3. Juaaaaaaaaas! Yo no sé con qué me he reído más! Lo siento, dijiste que ibas a hacer unas reflexiones algo más serias pero lo del punto de arroz me ha podido! Es evidente que estás hecho para la comedia Santiago ^^ Una comedia “entretejida” jajaja Ahora no pararé de decir tonterias!

    Muchos besitos!

  4. Buenísimo!!!jajajaj!!! me ha encantado este final alternativo de Casablanca. Mis felicitaciones al tejedor por su diario y a la novia por haberlo “enganchado”…

  5. Santiago: Siempre es un placer y un divertimento leer tus peripecias, avances y descubrimientos en el mundo tejeril de la mano de Angela.

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