Diario de un tejedor 14: mi profesora

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Mi diario de un tejedor, como casi todos los diarios, es un ejercicio de ombliguismo. Es la sección en la que cuento mis avances con el punto y, desde hace poco, también con el ganchillo. Es una de las series de mayor éxito del blog y una de las que más repercusión le otorgaron desde el principio, dado que, por lo visto, ha sido muy bien recibida en la comunidad tejeril. Finalmente, es la aventura que confirmó algo que ya sospechaba: que soy medio disléxico para ciertas labores manuales.

Pero mi diario de un tejedor es, ante todo, la obra de una persona: mi profesora, Ángela Gómez Ortega. Sin ella, nada de esto hubiera sido posible. Bueno, los puntos saltados, los aumentos involuntarios y los gorros que acaban pareciéndose más a una boina que otra cosa sí hubieran sido posible. En cambio, que a pesar de mis muchos y muy variados errores los proyectos salgan adelante es gracias a ella. Es más, el nacimiento del diario, esto es, que comenzase a tejer, se debe exclusivamente a Ángela.

Por suerte, he tenido muy buenos profesores. Recuerdo una profesora en primaria con la que aprender era casi un juego; otra profesora de literatura, ya en el instituto, que convertía el análisis de textos en un viaje apasionante; y mi profesora de piano, quien me hizo ver que interpretar partituras era mucho más que acertar las teclas. También mis padres, en muchos aspectos, han sido espléndidos profesores. A los buenos profesores de mi vida les debo buena parte de lo que soy, incluyendo mi nula orientación los días pares -no todo va a ser bueno-. Pues bien, desde el día en que recibí mi primera clase de punto se sumó Ángela a esa lista de profesores excepcionales.

Que sea una de las personas a las que más quiero ayuda, es innegable, pero si la considero una de las mejores profesoras que he tenido es porque se lo ha ganado. Os aseguro que lo que se necesitaba conmigo cuando aprendí a hacer ganchillo era algo más que paciencia; y que para que aprendiese a montar los puntos tuvo que ir más allá de la perseverancia. A pesar de que en ocasiones me comportase como un niño mimado, gimoteando tras cada error y exigiéndole cual déspota que me lo corrigiese al instante, ella encontró siempre la manera de soportarme, cosa que tiene mérito. Esa es una de las condiciones de una buena profesora, enseñar también a quien no parece mostrar especiales aptitudes para la disciplina en cuestión. Por otra parte, no os creáis que siempre me comporto así, el resto del tiempo soy encantador y se me dan particularmente bien los chistes malos, pero ese es otro asunto que quizá algún día trate en “diario de un contador de chistes malos”.

Y sí, más vale decirlo todo, yo tengo la suerte de que no me cobra las clases, aunque a cambio sólo tengo que fregar y barrer toda la casa, cocinar, fregar los platos, hacer la cama, cambiar las bombillas, pulir el suelo, estar de acuerdo con ella en que el color que ha elegido para su siguiente proyecto es el más adecuado y pintarle las uñas. Está bien, pintarle las uñas no tengo que hacerlo, aunque siempre he pensado que eso se me daría bien.

Por otra parte, tiene gracia que ahora sea mi profesora cuando yo asistí a sus inicios como tejedora. Asistí y padecí. Recuerdo particularmente una de sus primeras bufandas, roja, que tenía un pequeño inconveniente: soltaba una cantidad asombrosa de pelos. Quizá es que entonces Ángela no había aún perfeccionado su técnica o que mi barba era incompatible con la lana, pero aquel invierno parecía Papá Noel, sólo que con la barba roja. ¿Iba sexy? No, no iba sexy. Pero eso es amor, ponerse la bufanda-suelta-pelos-de-tu-novia-tejedora-principiante es amor. Además, no debería quejarme, que sólo tardaba un cuarto de hora en quitarme todos los restos de lana del cuello. Y bueno, sigue siendo mi tejedora favorita, aunque después de unos seis años viéndola tejer casi cada día aún no haya podido llevar ni un sólo jersey tejido por ella. Mi tejedora favorita y una de las mejores profesoras que he tenido nunca, pero eso creo que ya os lo he dicho.

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12 comentarios en “Diario de un tejedor 14: mi profesora

  1. Precioso post. Ambos sois afortunados: el tejedor por la superprofesora que te ha tocado en suerte y la profesora porque no es fácil encontrar un alumno que se preste a pintarle las uñas.
    A la espera de la próxima, saludos para ambos.

  2. Muy bonito. Los “profesores” que se han ido cruzando en nuestras vidas son los que la han llenado de experiencias y gratos recuerdos.
    Saludos.
    Mercedes.

  3. Oh!!! Pero qué bonito!! Anda que no recuerdo yo esa bufanda roja con agujas del número infinito que parecían estacas, enooormes! Y la verdad que si yo conseguí también hacerle una bufanda a mi chico, fue gracias a la paciencia de mi hermana.

    Besicos desde París.

  4. Pertenezco a una familia de profesores y sé de lo que hablas. Ángela es estupenda y además guapa y te quiere (estoy segura)…. pero lo que más me gusta de tus crónicas es lo bien escritas que están. Da gusto leer un texto tan largo y sin faltas de ortografía.
    Abrazos y no tardes tanto en escribir una nueva entrada.

  5. !Qué emocionante entrega de tu diario, hijo querido, y cuánto me gustaría que tus otras profesoras pudieran saber de ese agradecimiento tuyo!
    Te escribo desde el instituto y ojalá que algunos de los alumnos que he tenido a lo largo de tantos años puedan sentir algo parecido a lo que tú sientes por tus profesoras. Os deseo mucha felicidad a los dos y , además, ahora ya no tengo que hacerte bufandas.

  6. Ángela, muchas gracias por tu paciencia con un no muy dotado alumno y muchas gracias también por tantas cosas. Un beso

  7. ¡Qué bonito! Todo el mundo está hecho para aprender si encuentra una buena motivación, pero no todo el mundo está hecho para enseñar, así que aquí Ángela se merece un aplauso ¡y tú también por seguir aprendiendo aunque te cueste! :)

  8. Chistes malos???? No puedo esperar a que llegue esa sección!!!! La necesito!!!!
    Y porque acabo de acordarme… aquí el último chiste pésimo que me han contado y me ha encantado:
    -Vísteme “despacio” que tengo prisa
    Y lo vistieron de astronauta

    :P

  9. Preciosa y divertida entrada la de hoy. Me encanta leer vuestro blog.
    Angela estará súper contenta de tenerte a su lado, Santiago. Y a ti se te nota que estás más que contento teniéndola como compañera en el camino de la vida y de profesora entregada para involucrarte en la causa tejeril.
    ¡Que seáis muy felices los dos!

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