Cada vez que una tejedora coge un avión, en la cabeza le ronda la idea de llevarse las agujas para continuar tejiendo en las alturas. Y a continuación se pregunta: ¿puedo pasar las agujas por el control o me detendrán por posesión agujil?
Desde que retomé las agujas, tras sucesivos viajes en avión he ido perfeccionando la técnica para camuflar las agujas y pasar el temido control. Una de las primeras veces, en el aeropuerto de Oporto, el señor del control me secuestró unas cinco agujas de ganchillo (una de ellas de bambú) y una aguja lanera. No hubo manera de convencer a este hombre de que no pretendía asaltar el avión con una aguja de ganchillo.
En otra de las ocasiones, en el aeropuerto de Madrid, pasé por un control en el que apenas había personas y la señorita del control detectó mis tijeritas de cigüeña compradas en Londres. Cuando las vi, sentí pánico, se me olvidó facturarlas. En esta ocasión, tuve mucha suerte: la señora me las devolvió con una sonrisa. Imagino que pensaréis que a partir de ese momento, cuidaría mejor qué cosas llevaba en la maleta de mano.
Pues no, no escarmiento. Hubo una tercera ocasión, en el aeropuerto de Berlín. En este viaje nos volvimos cargados de Ito Yarns, de modo que una parte de los conos viajaron con nosotros dentro del equipaje de cabina. No debí de revisar muy bien mi bolso porque pasó el control un neceser que llevaba unas tres tijeras pequeñas, agujas laneras a gogó, alfileres y demás armas de destrucción masiva. Los controladores se debieron de quedar tan flipados con la cantidad de conos que llevábamos (de hecho, nos hicieron abrir la maleta para comprobar que era eso tan misterioso) que ni siquiera repararon en este neceser.
Imagino que vosotras también tendréis historias varias con las agujas y los controles. A pesar de estos despistes, sí he ido refinando mi técnica para camuflar las agujas. A continuación, os detallo cuáles son las cosas que tengo en cuenta.

En primer lugar, no os aconsejo que llevéis agujas de más de 35 cm de largo. Estas agujas ya tienen un largo considerable y es casi improbable que no llamen la atención del controlador, independientemente de que sean de madera o metálicas. Siempre que viajo, me llevo agujas de doble punta o circulares.
Si opto por llevarme agujas de punto de doble punta, procuro llevármelas de madera o bambú. Tienen un tamaño y composición similar a los lápices y pasan prácticamente desapercibidas.

En el caso de las circulares, he conseguido pasar agujas fijas e intercambiables y de madera y metálicas. En cualquiera de las cuatro variantes, la técnica de camuflaje es siempre la misma: en mi estuche de lápices y bolígrafos meto las agujas, desmontadas en el caso de las intercambiables y con el cable fuera en el caso de las fijas. Al estar con elementos del mismo tamaño y material, en el monitor apenas se puede distinguir una aguja de un lápiz o bolígrafo. Este truco es infalible: he conseguido burlar a los más sagaces controladores.
En cuanto a las agujas de ganchillo, después de la experiencia portuense, no me atreví a llevármelas de nuevo. Pero imagino que si ponéis una aguja de madera, bambú o acrílica dentro de un estuche, es posible que funcione.
A continuación, tenéis una prueba gráfica de lo efectiva que es mi artimaña: conseguí pasar unas Addi Lace. Para las que no las conozcáis, son unas de las agujas metálicas más puntiagudas.

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