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Archive for the ‘Diario’ Category

 

Hay una cita que habitualmente se atribuye a Francisco Umbral, pero cuya veracidad no he podido confirmar. No obstante, poco importa: se non è vero, è ben trovato. Se cuenta que en una ocasión le preguntaron si se consideraba un hombre de izquierdas. El escritor respondió, con esa inconfundible voz grave, que sí, que se consideraba de izquierdas, pero que lo que no tenía tan claro es que fuese un hombre. Bien, pues con ese sano sentido del humor me tomo yo lo de considerarme un hombre que teje: lo único que tengo del todo claro es que tejo. Eso sí, a juzgar por lo desiguales que me salen los puntos, ni siquiera de eso estoy del todo seguro.

Aunque puntualmente y con prolongados altos en el camino, llevo siendo un hombre que teje desde hace poco más de dos años. ¿Qué digo un hombre? Un hombretón. Ya conté el porqué de mi aprendizaje tejeril y entre las razones no estuvo la de realizar una actividad tradicionalmente asociada a la mujer a pesar de ser un hombre. Tampoco pretendía dar ejemplo ni animar a otras personas de mi mismo sexo a que aprendiese el arte de tejer.

Ahora bien, es evidente que el éxito inicial del diario sí tuvo mucho que ver con mi género. Supongo que hacía gracia ver a un chico con las agujas en la mano. Quizá ahora llamaría menos la atención, porque se van incorporando hombres al mundo tejeril, pero supongo que a principios del 2012 no era tan común en España. O tal vez sí era común, pero no tan visible.

Dicho esto, del mismo modo que me alegra ver a mujeres realizando labores tradicionalmente masculinas u ocupando puestos generalmente atribuidos a los hombres –porque históricamente se los reservaron para sí mismos en tanto que género opresor–, yo sí quise realizar ese mismo camino pero a la inversa. Es igualmente deseable que los roles históricamente asociados a mujeres puedan también ser realizados por hombres. A título ilustrativo, quizá esté bien recordar que hasta hace no tantas décadas el piano era un instrumento para mujeres y no estaba bien visto que un hombre lo tocase. Afortunadamente, ya no es así, no queda nada de esa arbitraria atribución genérica, de modo que los estereotipos pueden derribarse.

En cualquier caso, uno de los aspectos positivos del mundo tejeril es que en los puestos más importantes de las principales marcas, compañías, publicaciones y editoriales es frecuente encontrar mujeres. Además, buena parte de las más destacadas obras de arte en punto y ganchillo han salido de la mente de una mujer. En definitiva, es un ámbito al que no ha llegado la discriminación, en el que las mujeres sí acceden a los más altos cargos y a la toma de decisiones creativas y empresariales.

Lo deseable, eso sí, es que pronto no tengan ya sentido los artículos que se centran en el creciente protagonismo de un género en un determinada actividad o disciplina. Ojalá ya nadie se fije en si un film lo realiza una mujer, si el país lo preside una mujer, si el centro de biología molecular lo dirige una mujer…, porque querrá decir que es habitual. Será saludable que nos olvidemos de la fijación con el género –la gran fuente de injusticia junto con el color de la piel y la elección de credo– para que hombres y mujeres posean finalmente los mismos derechos.

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Y ahora, permitid que me divierta proponiendo una serie de eslóganes a favor de la igualdad:

-Más mujeres dirigiendo y también más hombres tejiendo.
-Los hombres tejen, sí que pueden, los hombres tejen, sí que pueden… (repetir a placer).
-Si quieres ser alto cargo téjete un pantalón largo.

Claro que para lograr la igualdad en materia tejeril, se debería fomentar incluso en los cuarteles. Imaginad si, mientras los soldados corren durante uno de sus entrenamientos, repiten cantando las siguientes frases que les grita su superior:

Superior: A tejer vas a aprender.
Todos los soldados al unísono: A tejer vas a aprender.
Superior: Si un hombre quieres ser.
Todos los soldados al unísono: Si un hombre quieres ser.

O quizá el aprendizaje debería comenzar antes, en los jardines de infancia, modificando levemente las letras de las populares canciones infantiles. Esta es mi propuesta:

El patio de mi casa, es particular
Mi padre está tejiendo, siempre en circular.

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SONDEO BISUNERO

Para medir mejor el género en el mundo tejeril, le mandé a varios relevantes tejedores dos preguntas:

1: ¿Qué supone para ti ser un hombre que teje?
2: ¿Has vivido alguna situación destacada o singular derivada del hecho de ser un hombre que teje?

Os dejo con sus respuestas, que son interesantes, reveladoras y divertidas:

Josep Mestres
1. Tejer, comer, beber, vivir, amar. No hay que poner barreras a nada, ¿por qué una mujer puede y un hombre no?, ¿por qué un hombre puede y una mujer no? Por mi parte, tejer es una manera de expresar algo que llevo dentro y nada más, no me cuestiono el porqué.
2. A veces tengo que ir a trabajar a Madrid y siempre que puedo voy en AVE. Me siento y me rodean más personas, casi siempre todos ejecutivos. Su ritual siempre es el mismo: bajan la bandeja, sacan sus portátiles y empiezan a trabajar. Yo saco mi ganchillo y me pongo a tejer. A veces miro su reacción, por curiosidad. Casi siempre las caras son: “¿Qué hace ese?”. Otras os aseguro que son pura envidia.

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1. Durante el tiempo que llevo en este mundo de aprendizaje artístico he conocido cuatro grupos de tejedores en los que suelo participar en sus quedadas en la ciudad. Ser hombre o mujer hoy en día no diferencia más que el producto que creas, cuando le das tu propia personalidad. Las mujeres te aceptan como uno más del grupo, participando en conversaciones interesantes, nada triviales.

Ferran Moreno Lanza
1. Para mí, es como tener otro hobby cualquiera. Me gusta, me relaja, me aporta la satisfacción de hacer algo bonito y útil con las manos… Es cierto que es una actividad de las consideradas “femeninas”, pero ese es el punto de vista de otras personas, no el mío. Aprendí a hacer ganchillo en el colegio, en EGB, y allí no se consideraba raro que un chico tejiera.
2. Dejando de lado la primera reacción de extrañeza de las personas de mi entorno inmediato hasta que se acostumbran, las situaciones más curiosas han sido protagonizadas por gente que no teje. La primera vez que tejí en público, hubo algunos comentarios de gente que pasaba por donde estábamos, pero en general no eran comentarios ofensivos, sino más bien fruto de la curiosidad y de la sorpresa de ver a un hombre tejiendo. En mi caso, no he vivido ninguna escena desagradable, sólo un poco impertinente como mucho.
Por otro lado, parece que el ser un hombre que teje hace que algunas tejedoras sean más indulgentes con lo que haces. He notado a veces un cierto “maternalismo” en ellas hacia ellos en foros de Internet, aunque no puedo decir que lo haya notado hacia mí.
Luego está mi pelea personal para que se “desfeminice” el mundo “tejeril”: normalmente, siempre que se habla del tema se habla de “tejedoras”, las revistas y libros que se publican, excepto en algunos casos, están dirigidas a mujeres (aunque haya patrones para hombres). Pero cada vez somos más, y con el tiempo supongo que las cosas irán cambiando.
He recordado algo que me pasó, relacionado con ser un hombre que teje. Estábamos en nuestro encuentro semanal en Llanàrium, cuando entraron una madre y su hija ya mayor de edad, se acercan a nosotros y la madre pregunta: “Estáis tejiendo?”, y a continuación añade: “Es que he visto a los chicos tejiendo y he pensado, qué gracia, vamos a ver”. Y nosotros allí aguantando como los monos en el zoo…

Jose Angel Ballesteros Cobo
1. Para mí es algo que me hace sentir, por así decirlo, algo diferente. Ver que es una cosa que no suelen hacer los hombres hace que en cierto aspecto puedas llegar a esa conclusión, de parecer distinto. Viendo los resultados del trabajo que se hace y el bienestar y relajación que aporta el realizarlo, te preguntas por qué otros hombres lo consideran como algo raro. Creo que más gente debería probarlo. Seguro que mucho estrés desaparecería si la gente conociese el beneficio de tejer.
2. La situación general es ver la expresión de la gente al saber que me dedico a eso. Sobre todo cuando hablas con mujeres que también lo hacen. En un principio siempre se quedan con el asombro, casi sin creérselo, pero poco a poco las vas convenciendo y su forma de tratarte cambia por completo. Donde más lo noto es cuando voy a las tiendas de lanas. Te ven comprar y no te dan mucha importancia, pero cuando saben que eres tú el que hace las cosas, te atienden de una forma muy diferente, trato que a las clientas (femenino) no se lo dan. Normalmente siempre suele haber gente tejiendo donde compro las lanas y cada vez que aparezco, dejan la labor y todas están pendientes de lo que voy hacer y siempre insisten en que una vez lo tenga terminado, me pase por la tienda a enseñárselo. Creo que me tratan mejor por ser hombre. Ese trato no lo tienen las mujeres que suelen comprar.

David, de ChiquiPork
1. Pues sinceramente no creo que sea diferente a ser una mujer que teje. Con el paso del tiempo, cada vez vemos más representación de hombres en profesiones, hobbies o situaciones que generalmente atribuíamos a mujeres. Y al revés igual. Me parece genial que vayamos rompiendo ese tipo de clichés que generalmente lo único que hacen es discriminar. ¡Arriba los hombres tejedores!
2. Nada destacado en realidad, aunque es cierto que algunos seguidores de la página, generalmente mujeres por cierto, se han sorprendido al saber que detrás de ChiquiPork hay un hombre. Es verdad también que he recibido más de un mensaje del tipo:
-“¡Hola guapa! Me encanta lo que haces, …”
Me hace gracia cuando les digo:
-“¡Muchas gracias!, pero me llamo David…
Se disculpan, pero la verdad es que no me molesta en absoluto.

Ya conocéis la opinión de seis tejedores. Ahora me gustaría saber si hay algún hombre tejedor entre nuestros lectores que quiera dejarnos la suya en el apartado de comentarios. También me gustaría saber qué os parece a vosotras, queridas tejedoras, ver a hombres con las agujas en las manos –y no, no me refiero a los practicantes–.

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Tras los posavasos manchados y las manoplas pianísticas, llega una nueva entrega de ‘Los inventos inútiles del tejedor’. Las gafas lloronas son el complemento ideal para despertar la compasión del prójimo. Llora a placer en cualquier situación sin que se te corra el rímel ni enrojecer tus ojos. También sirve para aspirantes a actores que acudan al cásting de una película dramática. Almodóvar seguro que te selecciona.

Pero eso no es todo, dado que suponen un complemento esencial para personas extravagantes y aspirantes a modernos. Olvida las gafas de pasta. Ahora lo que se lleva son las gafas de punto. De hecho, son muchas las marcas de gafas que están planteándose el punto para fabricar sus monturas. Al fin y al cabo son más ligeras y baratas. Es más, quizá muchos no sepan que Dolce & Gabanna está pensando en cambiar su nombre: su famoso logo D&G pasaría a referirse a ‘De punto y Ganchillo’. Algo similar ocurre con la actual Pull & Bear, que pasaría a ser Purl & Bear.

También las ópticas están estudiando la posibilidad de incorporar a su oferta gafas de tricot. Imaginad el eslogan: “Le dejamos la vista a punto”. O peor aún: “¿Eres cejijunto?, pues ponte gafas de punto”. Por otra parte, las visitas al oftalmólogo serían más divertidas:

-¿He perdido vista, doctor?
-No, pero ha perdido un punto. Fíjese, aquí, en la segunda vuelta.
-¿Habrá que operar, doctor?
-No, pero tendrá que deshacer.
-Ay, pues póngame anestesia general, que eso de deshacer siempre lo he llevado muy mal.

En cualquier caso, no nos desviemos del tema. Aún no he mencionado la gran ventaja del invento: ¿por qué llorar lágrimas de cocodrilo cuando puedes llorar lágrimas de ganchillo?

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Eso sí, las gafas son multiusos. Puedes llevarlas sin lágrimas como un complemento de última moda más. No me negaréis que se puede causar sensación con ellas. Hasta las puedes llevar en la cabeza para no ser menos chulo que nadie.

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Ángela, la otra artífice del invento, fue lo suficientemente incauta como para dejarse fotografiar con ellas, de modo que ha podido ser inmortalizada.

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El proyecto:

Este ha sido, una vez más, un proyecto creado conjuntamente con Ángela. Ella tejió las lágrimas, pues el ganchillo y yo seguimos en una fase de cese temporal de la convivencia. Yo, en cambio, tejí la montura, que sí podía realizarse más cómodamente en punto. Además, me gusta que aúne ambas técnicas, dado que me parece que se deberían combinar más habitualmente con fines artísticos.

Datos técnicos:

Montura: tejida con Lamana Ica (10 Königsblau).
Lágrimas: tejidas con Natura, de DMC.
Agujas de punto: Agujas de Tricotar Doble Punta de Bambú – Takumi 20cm.
Agujas de ganchillo: Clover – Ganchillo suave.
Hilo elástico para atar las lágrimas.
Gafas de plástico compradas en Tiger que sirvieron como estructura.

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La Maison Bisoux presenta el cuarto patrón de Ángela Gómez Ortega. El diseño nació cuando El tejedor quiso aprender a tejer bufandas, aventura que relató en la séptima entrega de su exitoso diario. Entonces su cómplice tejeril creó prácticamente sobre la marcha el diseño que veis en las imágenes. Tiempo después, en vista del interés de más de una tejedora, decidió escribir el patrón, que ya podéis descargar gratis en Ravelry.

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El proyecto ha sido ya comprobado y las diversas versiones del patrón han sido revisadas, de modo que no debería haber errores en el patrón. Pero por supuesto, si detectáis alguna errata, os agradeceríamos mucho que nos lo digáis. Por otra parte, según el estándar de dificultad, es un proyecto Fácil, esto es, un 2 de 4 en dificultad.

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La parte principal de la bufanda se teje empleando punto de arroz, esto es, una combinación de punto del derecho y punto del revés. Además se incluyen puntos saltados y los extremos están tejidos con punto bobo y puntos saltados, lo que crea el efecto de un falso punto elástico. En cualquier caso, hemos preparado un vídeo didáctico con todos los pasos necesarios para tejer la bufanda.

Las instrucciones están disponibles en texto y con esquemas. También se incluye un glosario de los términos y puntos empleados.

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La bufanda está tejida con algo menos de una madeja de cada color, así que agotando ambas madejas el tamaño será sensiblemente mayor. Los hilados que recomendamos son los siguientes:

Abuelita Merino Worsted

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Abuelita Baby Alpaca Merino

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Abuelita Silk Merino

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DESCARGA EL PATRÓN AQUÍ.

EN NUESTRA TIENDA

Kit: Bufanda del tejedor

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El kit incluye:

- 2 madejas de Abuelita Merino Worsted.
– Un par de agujas de bambú Takumi de Clover de 5.50 mm (Opcional)
– Patrón impreso con todas las instrucciones necesarias para tejer la bufanda.
– Caja de cartón.
– Tapa de acetato transparente.
– Cinta de algodón.
– Tarjeta de La Maison Bisoux.

Vídeo didáctico:

Cómo tejer la Bufanda del tejedor.

Ver también:

Patrón gratis – Bee Cowl / Cuello Bee.

Patrón gratis – Cuello Falling Cubes.

Patrón gratis – Cuello Escherzade.

 Cojines para la casa Bisoux.

 Nueva chaqueta: feliz reencuentro con Hannah Fetig.

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Era inevitable y finalmente ha ocurrido: me he creado una cuenta en Ravelry, la mayor comunidad de tejedores del mundo. De hecho, posiblemente sea también la más numerosa del multiverso, aunque seguida muy de cerca por Ravellini, la comunidad tejeril del Planeta de Agostini.

Ya he subido los proyectos que os he ido relatando en El diario del tejedor y he dejado listo mi perfil, de modo que podéis mandarme solicitudes de amistad pues yo con mucho gusto las aceptaré. Sólo si queréis, claro. Pero por favor, hacedlo, que eso de tener pocas amistades en las redes sociales está muy mal visto. De lo contrario tendré que hacerme un amigo imaginario:

-    Hola, ElTejedor.
–    Hola, amigo imaginario.
–    He visto tu último proyecto.
–    ¿Ah, sí, y qué te ha parecido?
–    Hombre, no está mal, pero no es mi estilo.
–    ¿No te ha gustado?
–    Pues no, no mucho. Me parece poco original y se nota que te has saltado más de un punto.
–    Es que soy principiante.
–   Llevas un año siendo principiante, por lo que veo. Además, sales fatal en las fotos, no te favorece ese corte de pelo y no sabes conjuntar la ropa.
–    Caray, para ser un amigo imaginario, no me apoyas mucho.
–    ¡Eh!, que una cosa es que yo sea imaginario y otra que deba decirte lo que quieres oír.

¿Veis?, por eso es mejor que no tenga un amigo imaginario: no consigo imaginarlo siendo amable. Y encima seguro que él acabaría por ser más popular que yo. Ya tuve un amigo imaginario de pequeño que nunca me invitaba a sus fiestas de cumpleaños y encima me quitó la novia.

Ver los ocho proyectos juntos, eso sí, ha sido una interesante experiencia. Me ha permitido observar mi evolución como tejedor durante mi primer año. Al principio el simple hecho de tejer ya me hacía ilusión y me importaba poco el proyecto en cuestión. Dejaba que Ángela me guiara. Progresivamente, en cambio, me ha sido interesando cada vez más la parte del diseño, de modo que tejer se ha convertido en el trámite que debo cumplir para verlo terminado. Al principio yo tejía enteramente los proyectos; luego mi querida profesora Ángela tejía las partes más complicadas –así fue con las dos propuestas de ganchillo, alias ‘la técnica para la que mi cerebro no está preparado’-; finalmente, en el más reciente, las manoplas pianísticas, fue ella quien tejió las prendas finales. Yo monté los puntos y empecé la faena, pero en vista del lamentable resultado delegué en ella rápidamente. En adelante, o bien emprendo proyectos más sencillos o seguiré centrándome en la parte del diseño, cosa que cada vez me atrae más.

Para terminar, debo reconocer que llevo tiempo impresionado con la cantidad de información que ofrece la comunidad y lo bien organizada que está. Además, la web es una maravilla de programación, así que debo felicitar a sus responsables. Lo único que echo de menos es mayor presencia musical. ¡Si ni siquiera existe el himno de Ravelry! Bueno, sí existe uno, aunque se creó varias décadas antes: El bolero de Ravel(ry).

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En verano del 2012 presentamos la corbata musical, un proyecto a medio camino entre la alta costura y la tradición musical occidental. Como era de esperar, fue acogida con entusiasmo entre la aristocracia europea. De hecho, fue rápidamente adoptada por la Orquesta Filarmónica de Berlín, que realizó así su primera modificación en el uniforme oficial en 82 años: la anterior fue el controvertido uso de la falda escocesa, rápidamente abolida por el nacionalsocialismo tras su llegada al poder en 1933, al considerar que los músicos no transmitían una imagen lo suficientemente aria. Además, causó sensación en el último Concierto de año nuevo en Viena, donde no hubo un solo joven casadero que no la luciese. Finalmente, inspiró una nueva colección de complementos de Dolce & Salada: una edición limitada de lujosos bolsos, cada uno de los cuales lleva bordada una nota extraída de la partitura de “Mirando al mar”.

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En vista de la acogida, decidimos prolongar la relación entre los mundos tejeril y musical con las manoplas pianísticas. Son lo último en punto de camuflaje (o punto camaleónico), técnica que consiste en mimetizarse con el entorno mediante prendas tejidas. Por lo visto fue usada por primera vez en plena Guerra Fría, cuando un espía ruso logró pasar desapercibido en La Casa Blanca llevando un jersey con el rostro de Ronald Reagan. No sólo burló las estrictas medidas de seguridad, sino que durante los tres meses que tardó en descubrirse el fraude el espía ruso firmó varios decretos, almorzó con los padres del verdadero presidente y fue requerido para pronunciar discursos televisados en dos ocasiones. No fue la calidad del jersey de camuflaje la que levantó sospechas, sino su total desconocimiento del inglés. Claro que esto último tardó en ser advertido dado que, según aseguraron sus consejeros, “tampoco a Reagan se le entendía mucho”. En cualquier caso, debido al éxito de la misión, se instauraron cursillos obligatorios de punto en la KGB, cosa que obligó a la CIA a contraatacar con clases de patronaje y encaje de bolillos. No tardaron en verse por Moscú a agentes estadounidenses con trajes de lagarterana elaborados por ellos mismos.

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Al compositor Robert Schumann –y esta sí es una anécdota real- se le ocurrió la enfermiza idea de atar un dedo de su mano para entrenar la independencia de sus dedos y llegar así a ser un virtuoso pianista. Lo único que logró fue paralizar su mano, cosa que truncó su carrera pianística. Pues bien, para que esto no le ocurra a ningún otro pianista con ínfulas de grandeza, llega el revolucionario método de las manoplas pianísticas. Ya no es necesario preocuparse por la independencia de los dedos: las manoplas se encargan de mantener el dedo gordo separado. Es cierto que reducen sensiblemente la precisión interpretativa, ¿pero qué remedio no tiene efectos secundarios? Además, son excelentes para dar conciertos al aire libre en invierno o para tocar los clusters de las composiciones de Béla Bartók o Aaron Copland. Pero eso no es todo, pues son imprescindibles para interpretar una de las menos conocidas obras del experimental John Cage: su Sonata en Re menor para piano, violín, fagot, manoplas de punto, aguja lanera y turrón de huevo. Grandes músicos han fracasado al estrenar esta compleja pieza por no disponer de las manoplas adecuadas o no mezclar la pasta del turrón todo el tiempo necesario. Al menos ya hemos puesto remedio a uno de los dos principales obstáculos.

Una vez explicada la génesis del proyecto, debo dar las gracias a Ángela, dado que, como de costumbre, sin ella nunca hubiera sido posible su realización. Reconozco que volver al punto, la técnica con la que comencé este diario, ha sido un alivio, pues el ganchillo me hace pensar que padezco algún tipo de dislexia no diagnosticada. Pero claro, tejer con varias agujas de doble punta sigue siendo una asignatura pendiente, cosa que comprobé con la famosa ‘gorroina’.

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Datos técnicos:
Lana: Katia Andes. Colores: negro y blanco.
Otras lanas equivalentes: Abuelita Merino Worsted, Abuelita Baby Alpaca Merino o Abuelita Silk Merino.
Agujas de doble punta: 3.50 mm

Música escuchada durante la realización del proyecto:
A Love Supreme, de John Coltrane.
Hot Buttered Soul, de Isaac Hayes.
Sonatas Para Violin Y Piano, de Camille Saint-Saëns.
Searching For Sugar Man, de Rodriguez.

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El diario, que cumplió su primer aniversario en Enero del 2013, es una sección de humor. La protagoniza un personaje basado en mí, por supuesto, pero sigue siendo un personaje. Lástima que en ocasiones ambos se confundan más de lo que me gustaría. Pues bien, esta vez permitidme que exponga una serie de reflexiones algo más serias sobre qué ha supuesto para mí aprender a tejer. No os preocupéis, la comedia está reservada para el final.

Lo más importante de aprender punto y ganchillo es que me ha aportado una muy efectiva cura de humildad. No hay nada como intentar hacer algo para apreciar el valor que tiene dominar una técnica. Pienso, por ejemplo, en una persona, de mi familia, cuya valía yo no supe apreciar como debía. Quizá no destacaba por su capacidad intelectual –tampoco recibió una buena educación-, pero era particularmente buena haciendo punto, ganchillo y, sobre todo, bordando. Realizó proyectos que yo posiblemente nunca seré capaz de replicar siquiera. Lástima que ya no esté viva para que pueda decírselo.

Tuve un profesor que decía que aprender era como ponerse unas gafas nuevas, es decir, mirar con otra lente. Él ponía el ejemplo de aprender a conducir, explicando que una vez obtienes el carnet, cuando subes a un coche, aunque sea de copiloto, ya no vuelves a estar como antes: te fijas en el resto de coches, en las señales, en los semáforos… Algo similar me ha ocurrido con el mundo tejeril. De pronto, es como si a mi alrededor se hubieran multiplicado las prendas tejidas. Las veo en todas partes: en la calle, en el cine, en las portadas de discos, en la publicidad… Supongo que han estado ahí siempre y yo no las veía. Pero claro, ahora llevo gafas tejeriles. Y no, no me refiero literalmente a gafas tejidas. Aunque ahora que lo pienso, no sería mala idea eso de llevar monturas de punto. Pensad en la de conversaciones que propiciaría:

-    Anda, llevas gafas. ¿qué es, miopía?
–    No, es punto de arroz.

Pero eso no es todo. En ocasiones me ha ocurrido que, al ver una chica atractiva, me acabo fijando en el tipo de punto de su jersey, su bufanda o cualquier otra prenda.  Claro que también me sigo fijando en el escote: mi vida ha cambiado, pero sigo siendo primario en muchas cuestiones. Eso sí, se me han escapado comentarios como “qué jersey más bonito llevas”  o “me encanta ese gorro”. Y menos mal que tengo novia, porque esa no es la manera más eficaz de ligar. Imaginad la siguiente escena protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman:

-    Muñeca, llevo un rato mirándote y no he podido evitar acercarme a ti.
–    Oh, ¿y a qué se debe, a mi mirada, a mis rasgos perfectos de belleza sueca?
–    No, no, nada de eso, son las trenzas de tu jersey.
–    Ah, te has fijado.
–    Ya lo creo. Me fascinan esos ochos y esa combinación de colores me gusta más que un whisky con soda.
–    Es lo último en intarsia.
–    ¿Qué hace un jersey como el tuyo en un sitio como este? ¿Qué te parece si subimos a mi habitación, querida? Tengo agujas y madejas de Wetterhoff.
–    Dicen que soy irresistible tejiendo del revés.
–    Ardo en deseos de comprobarlo.

(A la mañana siguiente, en la puerta de embarque de un aeropuerto)

-Oh, Humphrey, es increíble cómo manejas la aguja, has dado con el punto toda la noche.
-A mí nunca se me ha escapado un punto.
-¿Volveré a verte? Nunca he conocido a nadie que aguante tanto tiempo sin perder tensión.
-No lo sé, tenemos que separarnos. Tienes que subir a ese avión para comprar más lana. Ni siquiera pudiste terminar el chal que empezaste anoche.
-No quiero ningún chal si no lo tejo contigo.
-Escúchame, si no subes a ese avión, lo lamentarás. Tal vez no hoy, ni mañana, pero sí en cuanto veas un nuevo patrón en Ravelry y no tengas con qué tejerlo.
-¿Pero qué será de nosotros?
-Siempre nos quedará Paris.
-Querrás decir París, con tilde.
-No, Paris, el color de Abuelita Yarns. No lo teníamos, lo habíamos perdido, pero lo recuperamos anoche.
-Es verdad, estaba debajo de tu mesita.
-Ahora, déjame y cómprate las madejas más bonitas que veas en La Maison Bisoux.
-Está bien, lo haré por ti, por nosotros. Ya que no puedo sentir tu calor, al menos sentiré el de una manta tejida a mano con Super Bulky.

Qué pena que este final alternativo de Casablanca nunca se exhibiera en los cines. Tampoco acaban juntos, pero sería inolvidable la escena en la que él dice “téjelo otra vez, Sam”.

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Diario de un tejedor nació en Enero del 2012 para documentar las andanzas tejeriles de quien esto escribe. Fue un éxito desde el inicio, seguramente por la (relativa) novedad de que un chico aprendiese a tejer y, ya puestos, lo contase. Trece meses después ha llegado a las quince entregas. Ya no publico al ritmo del principio, pero mis aventuras con el punto y el ganchillo aún no han concluido. De hecho, dentro de poco más de una semana seguramente esté listo el siguiente capítulo. Antes, eso sí, propongo este alto en el camino para quien se haya incorporando a la historia recientemente pueda descubrir los capítulos anteriores.

Todas las entregas:

1: Reflexiones iniciales.

2: Presentación.

3: Primera clase.

4: Mi primera reunión de Alhambra Knits.

5: Mi primer proyecto terminado.

6: Semana tejeril.

7: Mi primera bufanda.

8: Dos semanas tejeriles.

9: Mi primer gorro.

10: He decidido dejarme bigote.

 11: La corbata musical.

 12: Mi primera clase de ganchillo.

13: Los posavasos manchados [Incluye patrón].

14: Mi profesora.

15: Disfraz de judío ortodoxo [Incluye patrón].

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Esto es algo que siempre he sospechado: parte de mis antepasados provienen de judíos. O eso o la genética ha sido muy caprichosa con mi nariz. Sí, está bien, admito que es pura especulación. Nunca he realizado un estudio ni me interesa lo más mínimo saber la verdad.  Sin embargo, no es del todo improbable teniendo en cuenta que en España hubo una importante población judía hasta hace no muchos siglos.

Esa sospecha, unida a mi amor por el cine de Woody Allen, provocó que disfrazarme de judío ortodoxo se convirtiese en una irresistible tentación. Lo irónico es que el ganchillo se me da tan mal que el resultado es cualquier cosa menos ortodoxo. Claro que este es el momento y el lugar de confesar que de todo el disfraz yo sólo tejí una de las dos patillas. ¿Os habéis fijado en la que ha quedado un tanto destartalada? Pues sí, esa es la que tejí yo. La que ha quedado perfecta y la kipá son cosa de Ángela, cómo no. Comprendedme, es sólo mi segundo proyecto de ganchillo tras el posavasos manchado.

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Además de mi generoso tabique nasal, yo sólo aporté la idea y los puntos erróneos, que fueron muchos. Es más, volviendo a la genética, algo ocurre en mi cerebro que me impide memorizar los más elementales movimientos. Peor aún fue recordar dónde había que hacer los aumentos. Menos mal que Ángela estaba pendiente de mí constantemente. Eso sí, cuando se fue unos minutos a otra habitación y me dejó tejiendo solo, al volver lo que vio en mis manos más que un tirabuzón parecía un rabino circuncidando a un vendedor de seguros. Y un sábado, además, cosa extraña dado que los vendedores de seguros tienen prohibido dejarse circuncidar ese día.

Exagero un poco, como de costumbre, pero al menos Ángela supo reencaminar el proyecto y que el resultado se pareciese a lo que tenía en mente al principio. Hablando de parecidos: no me negaréis que podría pasar por judío perfectamente. Me pongo la kipá y los tirabuzones y causo sensación en las sinagogas más selectas de Israel.

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Quizá alguien se pregunte cómo me atrevo a asociar ganchillo con una práctica religiosa. Bueno, sólo diré en mi defensa que me limité a seguir los diez mandamientos tejeriles. Sí, son los mandamientos que leyó Moisés después de los otros diez. Menos conocidos, son los que Yahveh -llamado así pues antes era ciego- le entregó en la famosa tienda de lanas Purl Sinaí, dado que Moisés se había quedado sin alpaca para terminar la bufanda que estaba tejiendo. Por si alguien no está familiarizado con ellos, los reproduzco aquí:

-    Amarás al ganchillo sobre todas las cosas.
–    No pronunciarás el nombre de Ravelry en vano.
–    Santificarás los patrones.
–    Honrarás a tu ovillo y a tu aguja.
–    No te saltarás los aumentos.
–    No perderás la cuenta de los puntos.
–    No empezarás sin haber realizado la muestra.
–    No dejarás proyectos inacabados.
–    No esperarás que los errores se corrijan solos o “no se noten”.
–    No codiciarás los proyectos ajenos.

Sí, casi todo son prohibiciones, pero nadie dijo que el ganchillo fuese fácil.

Fdo.: Jacob Tadeorberg Cerverat.

Para terminar, en defensa de la igualdad, para apoyar que las mujeres que lo deseen también puedan ser judías ortodoxas, he aquí dos imágenes que demuestran que los tirabuzones y las kipás también les quedan muy bien. [Mucho mejor que a mí, dicho sea de paso].

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Patrón de la Kipá [Descarga el PDF]

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Datos técnicos:
Lana: Abuelita Merino Worsted – Chocolate [Tirabuzón].
Abuelita 3 PLy High Twist [Kipá color A].
Wetterhoff Sivilla 930 [Kipá color B].
Agujas: Clover Ganchillo Suave 3.00 mm.

Música escuchada durante la realización del proyecto:
Real, de Miguel Poveda.
Cross Culture, de Joe Lovano.
Fangnawa Experience, de Fanga & Maalem Abdallah Guinea.
Black Box, de Nicolas Repac.

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diario14

Mi diario de un tejedor, como casi todos los diarios, es un ejercicio de ombliguismo. Es la sección en la que cuento mis avances con el punto y, desde hace poco, también con el ganchillo. Es una de las series de mayor éxito del blog y una de las que más repercusión le otorgaron desde el principio, dado que, por lo visto, ha sido muy bien recibida en la comunidad tejeril. Finalmente, es la aventura que confirmó algo que ya sospechaba: que soy medio disléxico para ciertas labores manuales.

Pero mi diario de un tejedor es, ante todo, la obra de una persona: mi profesora, Ángela Gómez Ortega. Sin ella, nada de esto hubiera sido posible. Bueno, los puntos saltados, los aumentos involuntarios y los gorros que acaban pareciéndose más a una boina que otra cosa sí hubieran sido posible. En cambio, que a pesar de mis muchos y muy variados errores los proyectos salgan adelante es gracias a ella. Es más, el nacimiento del diario, esto es, que comenzase a tejer, se debe exclusivamente a Ángela.

Por suerte, he tenido muy buenos profesores. Recuerdo una profesora en primaria con la que aprender era casi un juego; otra profesora de literatura, ya en el instituto, que convertía el análisis de textos en un viaje apasionante; y mi profesora de piano, quien me hizo ver que interpretar partituras era mucho más que acertar las teclas. También mis padres, en muchos aspectos, han sido espléndidos profesores. A los buenos profesores de mi vida les debo buena parte de lo que soy, incluyendo mi nula orientación los días pares -no todo va a ser bueno-. Pues bien, desde el día en que recibí mi primera clase de punto se sumó Ángela a esa lista de profesores excepcionales.

Que sea una de las personas a las que más quiero ayuda, es innegable, pero si la considero una de las mejores profesoras que he tenido es porque se lo ha ganado. Os aseguro que lo que se necesitaba conmigo cuando aprendí a hacer ganchillo era algo más que paciencia; y que para que aprendiese a montar los puntos tuvo que ir más allá de la perseverancia. A pesar de que en ocasiones me comportase como un niño mimado, gimoteando tras cada error y exigiéndole cual déspota que me lo corrigiese al instante, ella encontró siempre la manera de soportarme, cosa que tiene mérito. Esa es una de las condiciones de una buena profesora, enseñar también a quien no parece mostrar especiales aptitudes para la disciplina en cuestión. Por otra parte, no os creáis que siempre me comporto así, el resto del tiempo soy encantador y se me dan particularmente bien los chistes malos, pero ese es otro asunto que quizá algún día trate en “diario de un contador de chistes malos”.

Y sí, más vale decirlo todo, yo tengo la suerte de que no me cobra las clases, aunque a cambio sólo tengo que fregar y barrer toda la casa, cocinar, fregar los platos, hacer la cama, cambiar las bombillas, pulir el suelo, estar de acuerdo con ella en que el color que ha elegido para su siguiente proyecto es el más adecuado y pintarle las uñas. Está bien, pintarle las uñas no tengo que hacerlo, aunque siempre he pensado que eso se me daría bien.

Por otra parte, tiene gracia que ahora sea mi profesora cuando yo asistí a sus inicios como tejedora. Asistí y padecí. Recuerdo particularmente una de sus primeras bufandas, roja, que tenía un pequeño inconveniente: soltaba una cantidad asombrosa de pelos. Quizá es que entonces Ángela no había aún perfeccionado su técnica o que mi barba era incompatible con la lana, pero aquel invierno parecía Papá Noel, sólo que con la barba roja. ¿Iba sexy? No, no iba sexy. Pero eso es amor, ponerse la bufanda-suelta-pelos-de-tu-novia-tejedora-principiante es amor. Además, no debería quejarme, que sólo tardaba un cuarto de hora en quitarme todos los restos de lana del cuello. Y bueno, sigue siendo mi tejedora favorita, aunque después de unos seis años viéndola tejer casi cada día aún no haya podido llevar ni un sólo jersey tejido por ella. Mi tejedora favorita y una de las mejores profesoras que he tenido nunca, pero eso creo que ya os lo he dicho.

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Hace algo más de un mes os hablé de mi primera clase de ganchillo, impartida por mi querida profesora Ángela. Pues bien, ahora os presento mi primer proyecto de ganchillo. Si he tardado tanto es porque, por lo visto, esta técnica tejeril se me da bastante peor que el punto. No entraré en detalles para ahorrarme la humillación pública. Sólo diré que la buena impresión de la primera clase resultó ser un espejismo y que en cuanto la cosa fue más allá de la cadeneta comencé a experimentar dificultades.

A pesar de los pesares, en mucho más tiempo del previsto y gracias a la paciencia y contribución de Ángela, ya está listo mi primer proyecto de ganchillo: el posavasos manchado. Y ahora es cuando conviene que sepáis que cuando me despierto, durante las dos primeras horas de cada día, aproximadamente, soy una suerte de zombie, un ser que carece de las más básicas capacidades motrices. Pues bien, eso provoca, entre otros desastres, que los posavasos y manteles en los que coloco mi vaso de cereales con leche acaben manchados en más casos de los que me gusta confesar.

Así es como nació mi idea del ‘posavasos manchado’. No tengo que preocuparme de que se manchen: ¡ya lo están! Y sí, una vez di con la idea entró en escena Ángela. Ella tejió el posavasos grande, el rojo, yo el pequeño y blanco. Si os mostrásemos una imagen detalle de ambos posavasos verías la diferencia entre uno y otro, y eso que varios de mis errores han sido convenientemente camuflados por la parte de arriba, la de la ‘mancha’. Porque sí, como imagináis, esa parte también la tejió ella. De modo que, más que nunca, este debería ser “el diario de los tejedores”.

Comprended que el posavasos manchado era demasiado complicado para convertirse en mi primer proyecto de ganchillo. Al fin y al cabo, teniendo una joya de tejedora en casa, ¿por qué no aprovecharla para que haga realidad mis ideas tejeriles? Además, debido a las formas tan libres de la parte que imita el líquido derramado, si lo hubiera hecho yo seguramente me habría salido un O.T.N.I (Objeto Tejido No Identificado).

Esta vez, sintiéndolo mucho, no he querido aparecer en las fotografías, dado que posar es la parte que más me cuesta de este diario, entre otras cosas porque son necesarias unas 50 fotografías para que salga bien en una. Vanidoso que es uno, para qué negarlo. Además, recientemente tuve que hacerlo para el post Por qué comprar en La Maison Bisoux, donde aparezco travestido al estilo de Johnny Depp en Ed Wood. En cambio, os dejamos con un amplio reportaje fotográfico protagonizado por los dos posavasos.

Posavasos con mancha de leche:

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Posavasos con mancha de café:

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Los dos juntos, listos para ser manchados:

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Los Patrones:

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Nota: la parte de arriba, la mancha, puedes realizarla disfrutando de eso tan preciado llamado libertad. Improvisa las formas que desees: será más creativo y gratificante.  No obstante, aconsejamos emplear punto bajo y una aguja muy pequeñita en relación al hilo utilizado. De esta forma, conseguirás que la mancha quede muy tupida y no pueda verse por debajo la parte del posavasos.

Posavasosmanchado [Descarga el PDF]

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Datos técnicos:
Lana: Abuelita Cotton.
Agujas: Clover Ganchillo Suave 4.5 mm.

Música escuchada durante la realización del proyecto:
Frank, de Amy Winehouse.
Appia Kwa Bridge, de Ebo Taylor

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