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Archivos de la categoría ‘Consultas’

En la historia del tricot, uno de los capítulos más apasionantes son los colores y motivos empleados. Vamos a dar una vuelta por el mundo para conocer y reconocer su folclore.

Hebras flotantes

Los estilos folclóricos que os vamos a mostrar tienen en común la forma en la que son tejidos. Todos encajan dentro de lo que denominaremos “hebras flotantes”. Este es el término que hemos acuñado para traducir la técnica “stranded knitting” o “stranded colourwork”. Esta técnica consiste en tejer dos colores o más a lo largo de la misma vuelta intercalando los colores según los motivos empleados. De esta manera, se consigue crear un tejido con dos capas: la primera capa es en la que se muestran los motivos tejidos y la segunda capa (el revés) es en la quedan las hebras se llevan a lo largo del revés sin que queden tirantes. Estas hebras sueltas son las denominadas hebras flotantes (floats en inglés). En esta técnica es muy importante que estas hebras queden sueltas, nada tirantes, porque de lo contrario el tejido se quedaría fruncido.

Esta técnica ha sido ampliamente extendida y popularizada en todas las regiones donde las temperaturas son más extremas tales como en países del norte de Europa y en los Andes. Esta doble capa permite que, con poco peso, se pueda mantener el calor corporal frente a las bajas temperaturas de estos lugares.

Otra característica importante de esta técnica es que prácticamente todas las prendas que se realizan son tejidas en circular y, por tanto, sin costuras. Si se quiere realizar una prenda abierta, como una chaqueta, te teje igualmente en circular tejiendo todo del derecho y posteriormente se realiza una costura y se corta (técnica conocida como “steeking”).

Estilos alrededor del mundo

Dentro de esta técnica, podemos diferenciar estilos según las regiones es las que se crearon y se desarrollaron.

• Reino Unido – Fair Isle

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Fuente.

Fair isle es una isla inglesa situada en el archipiélago de las islas Shetland, al norte de Escocia. Es bastante habitual denominar con “fair isle” muchos motivos y prendas, pero esta técnica tiene unas características muy especiales que la distinguen del resto. La primera de ellas es la cantidad de colores a emplear en una vuelta. En el caso del fair isle, sólo se puede emplear dos. Los motivos que se emplean suelen ser geométricos y con un intervalo de repetición pequeño. Esto permitía que se pudieran transmitir de forma oral más eficientemente. Según recoge Sheila Mcgregor en su libro “Traditional Fair Isle Knitting”, es posible que pueda haber alguna conexión entre los motivos de fair isle y con los restos del naufragio encontrados en la isla del barco El Gran Grifón de la Armada Invencible. En cualquier caso, esto es una suposición y probablemente este misterio continúe sin resolver durante mucho tiempo.

En las prendas tradicionales, los motivos son predominante franjas horizontales y son simétricos horizontalmente. Uno de los patrones más empleados en esta técnica son los motivos X O X.

• Noruega – Estilos Selbu y Spetatrøje de Setesdal

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(Spetatrøje de SetesdalFuente.

En este país podemos encontrar una diversidad asombrosa de motivos y diseños según la región que se visite. Pero por regla general, los colores empleados son rojo, azul marino y blanco. Se emplean motivos de estrellas (patrón que hereda el fair isle de los emigrantes noruegos en Inglaterra), copos de nieve y renos mezclados con otros diseños geométricos. Dos de los estilos más conocidos de este país son:

o Estilo Selbu: es uno de los estilos menos antiguos, se desarrolló a lo largo del siglo XX. Aunque es el más conocido a lo largo del mundo. Los motivos que se reconocen como “estilo noruego” vienen de esta región noruega, tales como los copos de nieve y los renos. Los colores que habitualmente se emplean son el blanco, para realizar el fondo, y el azul marino/negro, para los motivos.

o Estilo Spetatrøje de Setesdal: de este valle al sur de Noruega, nos llegan sus archiconocidos jerseys con más de 150 años de historia. Este tipo de jersey combina motivos geométricos muy ricos, concentrados en los parte superior e inferior del cuerpo y las mangas. Tradicionalmente se teje con unas agujas muy finas empleando el color blanco para los motivo y un color oscuro (azul marino/negro) de fondo. Al emplear estos colores así, se consigue que las partes tejidas en blanco parezcan motivos bordados sobre el tejido.

• Suecia – Estilo Bohus y Binge

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(Binge) Fuente.

En esta región nórdica, dentro de la técnica de hebras flotantes, encontramos dos diseños de jerseys muy populares: Delsbo y Ullared de Halland. También hay otros dos estilos que se desarrollaron casi de manera simultánea: el Binge y el Bohus. Ambos estilos nacieron como marcas asociadas a cooperativas de tejedoras que producían prendas tejidas a mano con unos hilos muy especiales. En cuanto a colores, mientras que el estilo Binge utilizaba esencialmente rojo, blanco y azul, los diseños producidos en el estilo Bohus son verdaderas piezas de arte con ricas combinaciones de colores y lanas. Otro de los aspectos muy reseñables del Bohus es que los diseños empleados para tejer las piezas están firmados por sus creadoras, eran motivos originales y no provenientes de la tradición sueca.

• Islandia – Jerséis Lopi

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Fuente.

En los años 50 del s. XX, en Islandia se popularizaron los jerséis lopi. Este tipo de diseños se centran en tejer el canesú con una serie de motivos geométricos, florales y animales. En el diseño del motivo están incluidas las disminuciones que hay que hacer para que el canesú se adapte al cuerpo. Estos jerséis tomaron ese nombre porque la lana islandesa que se empleaba para tejerlos se llamaba así, lopi, una lana cardada y peinada pero sin torsión.

• Los Andes

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Fuente.

La prenda por excelencia de este estilo es el chullo, unos gorros con una alta profusión de colores muy llamativos. Algunos de los motivos más empleados son patrones geométricos, cóndores, serpientes o mariposas. Son prendas tejidas y llevadas por los hombres y en determinadas ocasiones pueden ser llevadas por una mujer. Los motivos reflejados en esta técnica tienen relación con la persona que lleva puesto el gorro. Pueden hacer referencia al lugar de nacimiento, la edad o el lugar en el que vive. Se teje una historia sobre la persona que lo lleva. De hecho, estas prendas se utilizan para comprometerse con una persona. Cuidado si os le pedís a un andino su gorro, puede pensar que les estáis haciendo una proposición de matrimonio.

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Es posible encontrar en otros lugares del mundo, como Rusia, Estonia o Letonia, una notable riqueza de motivos y tradiciones ligadas a esta técnica de punto. Además, gracias a la multitud de blogs, webs y publicaciones dedicadas al mundo tejeril, cada vez resulta más sencillo conocer las particularidades de este tema. Lo más positivo de aprender estas técnicas es la posibilidad de crear nuestras propias fusiones partiendo de las tradiciones. Pues bien, esperamos que este artículo os anime a adentraros en ese apasionante mundo que hemos denominado ‘hebras flotantes’.

Otros posts didácticos:

 Símbolos de ganchillo y nomenclatura en español e inglés.

 Cómo organizar tus útiles tejeriles.

 Cómo organizar nuestras madejas en casa.

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Nota: otros posts didácticos, junto con algunos de los más importantes de la historia del blog, están recopiladas en la sección Lo más destacado.

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interweave

Interweave es la gran empresa internacional de las que se dedican al mundo de las labores. Más precisamente, es la más poderosa y conocida que centre buena parte de su actividad en el arte de tejer: punto, ganchillo, hilado y telar. Es la responsable de las más populares revistas, webs y producciones audiovisuales. En lo que al mundo tejeril respecta, es la editora de dos revistas clave, Interweave Knits e Interweave Crochet, y de sus respectivas páginas webs, Knitting Daily y Crochet Me.

Para comprender la magnitud e importancia de esta compañía estadounidense, basta con repasar sus números: cuenta con 16 revistas sobre arte y labores; una treintena de webs que suman más de dos millones de usuarios; una decena de comunidades online; otros tantos eventos; una tienda online; y, finalmente, tres programas de televisión. Además, su catálogo de libros se acerca al medio millar y edita entre 30 y 40 títulos anualmente.

La compañía fue fundada en 1978 por Linda Ligon, que siguió ejerciendo como directora desde sus oficinas en Loveland, Colorado. Desde Agosto del 2012, no obstante, dejó de ser una empresa independiente, pues fue comprada por F+W Media, Inc., gigante editorial neoyorquino. Afortunadamente, los nuevos propietarios han sido lo suficientemente inteligentes como para no cambiar nada de su adquisición, o no, al menos, en lo fundamental.

Apartado tejeril

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Interweave está especializada en arte, labores y manualidades. Publica libros y revistas de técnicas y artesanías tan diversas como pintura, patchwork, bordado, creación de joyas, ilustración, costura… Prácticamente no hay expresión artística a la que no preste atención.

Sin embargo, el mundo tejeril ocupa un rol muy relevante en su actividad. Las ya mencionadas Interweave Knits e Interweave Crochet son dos de sus revistas insignia. La primera, de hecho, posiblemente sea la gran publicación de tricot. Con permiso de Vogue Knitting, claro. Además, publica Knitscene, Piecework y especiales como Knitting Traditions, knit.wear o Knits Weekend. Quienes disfruten con los telares disponen también de Hand Woven, mientras quienes inicien el proceso en el origen, en el hilado de fibras, seguramente quieran consultar Spin.off.

Estas revistas están apoyadas por una fuerte presencia en internet gracias a las webs Interweave Knits e Interweave Crochet y a sus respectivas redes sociales. El grupo complementa la información de sus revistas con blogs escritos por expertas, vídeos didácticos publicados en YouTube, venta de patrones y otros muchos contenidos. Quiero eso decir que quien valore estar al día en materia tejeril hará bien en consultar cualquiera de las dos páginas regularmente.

Para completar su dedicación al arte de tejer, esponsoriza el programa de televisión Knitting Daily, emitido por la cadena pública estadounidense y comercializado en DVD. Finalmente, uno de los numerosos eventos que organiza es el Interweave Knitting Lab, que propone tres días de clases y seminarios.

Libros reseñados en La Maison Bisoux:

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Otros artículos:

 Cómo aprendí a tejer.

 Tendencia: taxidermia tejeril.

 Tendencia: hilados fluorescentes y colores neón.

 ¿Es el trapillo bueno para la escena tejeril?.

 Tejer en tiempos de guerra.

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El lenguaje gráfico del ganchillo es prácticamente universal. Poco importa que el patrón esté escrito en inglés, chino o japonés: si está acompañado por un esquema, de un vistazo seremos capaces de averiguarlo.

En esta tabla hemos recogido los símbolos que están más presentes en las instrucciones. En primer lugar, los puntos básicos: desde la cadeneta, punto bajo o punto alto triple. Como ya explicamos en nuestro vídeos de YouTube, estos son los nombres que habitualmente empleamos en España.

No obstante, según la región en la que vivas o la información que hayas encontrado por la red, tal vez a estos puntos los llames de otra forma: baretas, palicos… En las publicaciones españolas de referencia que hemos consultado, estos son los nombres habituales. De todas formas, independientemente de cómo los denominemos, la forma de realizarlos es similar.

A continuación, se encuentran los aumentos,  disminuciones u otros motivos que se realizan a partir de estos puntos. Aunque en algunos de ellos sólo están recogidos puntos altos o puntos altos dobles, los símbolos son extrapolables al resto de los puntos básicos: sólo tenemos que fijarnos es las partes superiores de los puntos para identificarlos.

Para facilitaros la lectura de los patrones en inglés, hemos incluido dos columnas con las abreviaturas y nombres de los puntos. Según el patrón que vayáis a tejer, tenéis que prestar especial atención a la terminología que emplee. Hay notables diferencias entre los nombres si el patrón está redactado siguiendo los términos estadounidenses o del Reino Unido. Por ejemplo: un “double crochet” para un estadounidense es un punto algo mientras que ese mismo punto para un inglés sería un punto bajo.

Los patrones en inglés suelen ser muy específicos y hasta gráficos si no contienen un esquema. Por lo que con las abreviaturas que os incluimos, podrían bastar para interpretar y tejer un patrón escrito que no esté acompañado del esquema. Sólo es cuestión de paciencia.

(Haz click en la imagen para verla grande)

Model

Si descargáis la foto, podéis imprimirla con buena resolución en tamaño A5.

Otros posts didácticos:

 Cómo organizar tus útiles tejeriles.

 Cómo organizar nuestras madejas en casa.

 Chaquetas y jerseys top-down estilo raglán.

 La importancia de tejer muestras.

 Medidas estándar para gorros y calcetines.

Nota: otros posts didácticos, junto con algunos de los más importantes de la historia del blog, están recopiladas en la sección Lo más destacado.

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Hace unos meses publicamos un post colectivo titulado ¿Haces amigurumis? A mí es que el sushi no me gusta, en el que numerosas tejedoras compartieron sus más jugosas, divertidas y asombrosas anécdotas tejeriles. Dado el éxito del post, hemos repetido el experimento con una segunda pregunta: ¿cómo aprendiste a tejer?

Ángela ya nos lo contó aquí y El tejedor lo hizo en su Diario, pero ahora les toca a algunas de las más relevantes tejedoras contarnos cómo aprendieron crochet, o tricot o ambos. Lean ustedes, que no tiene desperdicio y seguramente se sientan identificadas.

Nota: en el caso de artistas a las que hemos dedicado un post, tenéis el enlace tras su nombre. Así veréis el provecho que le sacaron a su aprendizaje.

Fuente.

LA PROFESORA FUE LA ABUELA

Aprendí a hacer ganchillo de niña, con cinco o seis años. Mi abuela me puso en las manos su aguja de ganchillo favorita y me tuvo haciendo tapetitos en cuestión de horas. Pronto pasé de los tapetitos a las cintas para el pelo, las mochilas y las (horrendas) fundas para el walkman. A tejer me enseñó también mi abuela, era eso o la zapatilla voladora. Mi hermana y yo le sacábamos las agujas de la labor para jugar a Mosqueperros por el pasillo de casa. Tardé un tiempo en verles una utilidad mas allá de los combates de espada. Si supiese que hoy me gano la vida enseñando a tejer, seguramente no se lo creería.
Pilar R. Méndez.

Cuando tenía alrededor de ocho años, solía pasar los fines de semana en casa de mi abuela. Para mí era realmente una fiesta porque me daban todos los gustos y siempre hacíamos algo nuevo. Lo único que no me permitía era tocar sus labores de punto, pero a mí me fascinaba quitar las agujas y volver a recoger los puntos (imaginen ustedes cómo podía quedar aquello). La hora de la siesta era el momento ideal para mi pequeña travesura. El único problema era que mi abuela siempre me descubría y yo no lograba saber como se había dado cuenta . Viendo la imposibilidad de domar mis inclinaciones me enseñó a tejer, para que yo fuese capaz de entender por qué eso no debía hacerlo. Hoy cada vez que tengo que recoger los puntos me acuerdo de ella.
Ale Trisciuzzi, de Bichus. [Ver post]

Estuve tejiendo y deshaciendo mi primera bufanda unas 5 veces, porque empezaba muy estrecha y se iba haciendo cada vez más ancha. ¡Al final tuve que volver a comprar lana porque estaba hecha pedazos de apretarla tanto! Aprendí a tejer de la forma más tradicional, ya que me lo enseñó mi abuela. Ahora ella tiene Alzeihmer y estoy orgullosa de que me transmitiese este saber a tiempo porque soy la única de la familia que tiene interés por el punto y el ganchillo.
Sophie – Xaruxamu. [Ver post].

Aprendí a tejer a los 7 años, cuando tuve varicela. La señora que ayudaba en casa, Silvia, me vio tan aburrida que me trajo lana y aguja de crochet y me enseñó cadenas y punto bajo. ¡En dos días mis muñecos estaban abrigados como para el más cruel invierno! Lo curioso es que al poco tiempo tomé contacto con el tricot a través de mi abuela, y dejé el crochet. A partir de entonces las dos agujas son mis preferidas.
Alba Cabrera. [Ver post]

Durante toda mi infancia pasé muchas horas al cuidado de mi abuela materna, que era todo un personaje. Hacía todo de manera obsesiva, tomaba café sin parar, fumaba sin parar, contaba cuentos sin parar y tejía sin parar. Ella fue la primera que me puso un ganchillo y un ovillo en la mano, y de ella heredé esta obsesión. Nunca he sido tan virtuosa y fina como ella, pero le agradezco mucho su legado.
Mariale – Lalala Toys. [Ver post]

Yo aprendía a tejer en casa de la abuela materna. En las largas tardes de verano en las que no quería echarme la siesta y la abuela me enseñaba para tenerme entretenida y calladita. Aprendí a hacer macramé, ganchillo y punto y creo que ya nunca más volví a echarme la siesta.
Clara Montagut.

Fuente.

LA PROFESORA FUE LA MADRE

a mi me enseño mi madre cuando tenía 9 años más o menos, me hacía montar puntos hasta el infinito y lo que conseguía era que tuviera un aburrimiento de la misma dimensión, así que abandone casi al empezar. Mi abuela, tuvo más paciencia y me enseño a crochetear, sabiamente me colocó frente a ella para imitara sus movimiento porque soy zurda y no quiso cambiarme de mano para tejer. Después de eso nunca más volví a coger unas agujas hasta hace 5 años que vi un blog (no recuerdo de quién) y pasaba por una época complicada de mi vida que me ayudo a tener la mente ocupada. Fui aprendiendo sola, ¡Bendito Internet!. Ahora para mi tejer es una terapia anti-estrés de la que no puedo prescindir.
Balmenara.

Mi madre siempre me dice que de pequeña hablaba tanto que la agotaba, intuyo que me enseñó a tejer para que estuviera entretenida contando puntos y no le diera tanto la tabarra. Ha pasado muuuucho tiempo desde que me enseñó a hacer las primeras cadenetas y aún hoy cuando voy a verla le pregunto si tiene algún ovillo perdido con el que empezar algo mientras hablamos de nuestras cosas y nos tomamos un café con bollitos. Adoro esos ratos :)
Monigrafica. [Ver post]

Aprendí a tejer en casa, con mi madre, que me hacía muchos jersey cuando era pequeña. Yo creo que me enseñó para mantenerme calladita y quieta un rato. La primera cosa que tejí por iniciativa propia fue un muñeco que copié de la portada del LP “Dirty” de Sonic Youth diseñada por Mike Kelly. El muñeco aún existe, hoy sería considerado un teje fail, pero yo tenía cómo 11 años y Sonic Youth eran uno de mis grupos favoritos. Creo que ya llevo la mitad de mi vida tejiendo y compartiendo ésta afición con mi madre.
Soraya, de Udon Wool.

¿Cómo aprendisteis a tejer? Cuando era adolescente, mi mamá me enseñó a tejer como ella había aprendido: al estilo inglés, con una aguja debajo del brazo. Lo malo de este método es que, luego de tejer un rato, se hacen nudos en el cuello. Hace un año aprendí el estilo continental (con agujas al aire) por medio de vídeos en internet. Ahora ya puedo tejer con agujas circulares… ¡y soy feliz!
Ana BC, de Lanas de Ana.

A mí me enseñó mi madre. Porque yo quería. Porque era lo que yo veía. Me sentaba a su lado y empecé con una aguja de ganchillo y cadeneta. Hacía cadenetas kilométricas. Luego me enseñó a hacer cordones con un rulo del pelo y horquillas. Ese era mi tricotín. Yo me lo llevaba al colegio y en el recreo enseñaba a las compañeras. Nos poníamos los cordones en la coleta. Luego llegó el punto bobo y hacía cosas para las muñecas. Un stop laaargo; ya no me interesaba, prefería dibujar. Pero a los quince, creo, un día que tenía mucho frío, quise hacer una manta. Una que fuera gigante, como la de “como agua para chocolate”. Y todavía la estoy haciendo.
Macarena Gómez, de Vestida de domingo. [Ver post]

Cuando una crece viendo a su madre, abuela o tía tejiendo, raro es que no le entre el gusanillo. Así que sobre los 6 años ya tenía mis primeras agujas. Mi madre fue mi maestra y a la pobre le costó lo suyo enseñarme. Enseñar a una hija zurda que todo lo hace del revés (y del revés es literal, que hasta leía y escribía del revés) es muy complicado pero con grandes dosis de paciencia lo consiguió. Cabe añadir que de tanto hacer/deshacer me convertí en una perfecta “deshacedora”, tiro de la hebra a la primera de cambio sin ninguna pena :)
Marta, de Tricotoseando.

Como todo, aprendí observando. Pero aprendí más de una vez. La primera de niña con mi madre, brasilera de herencia portuguesa no puede evitar hacerle puntillas a toda toalla que se le cruce por delante. Nunca vi a nadie deshacer tantas veces y tener tantos tejidos sin terminar. Aprendí a tener paciencia y a cuidar cada detalle. Volví a aprender a los 20, con una amiga que nunca supo el nombre de un punto y los iba inventando a medida que tejía. Aprendí el placer de inventar e improvisar. Después aprendí sola, tejiendo lo que probablemente fue el muñeco más feo de la historia, un osito para sujetar una bufanda demasiado corta que le había tejido a mi hijo. La usó dos veces porque es alérgico a la lana.
5 años después y voy por el muñeco 1183 (y contando).  Adoro no terminar de aprender.
Yanina Schenkel, de Pica-Pau. [Ver post]

Aprendí a tejer de pequeñita, de la mano de mi abuela materna, pero imagino que, como mucha gente, lo dejé aparcado para estudiar, salir, etc … De hecho la imagen que tengo de mi abuela es tejiendo en un sillón siempre, a todas horas, cosas minúsculas que luego con el tiempo he recibido como oro en paño (mantas, manteles, …). Hace unos 6 años mi madre me regaló un ovillo de lana para calcetines y unas agujas y me dijo: ¡ale, haz unos calcetines!. Con su ayuda y la de una amiga me enganché rápidamente a las dos agujas y ya no he podido soltarlas. Hoy en día enseño a tejer así que espero poder transmitir esa pasión por el tejido a mis alumnos. Es muy gratificante ver cómo van avanzando en sus proyectos sobre todo las personas que no tenían ninguna noción.
Siona.

Pañitos de Vichy bordados a punto de cruz en el cole, uno tras otro y mientras en casa mi madre haciendo filigranas en ganchillo y punto: vestidos de mini granny squares en ganchillo y unos jerseys de punto perfectos que conservo y uso.
Ella me enseñó a tejer. Lo primero que me empeñé en hacer fue un jersey bastante complicado para un amigo. El pobre incauto no sabía que en él participaron 3 adolescentes de 17 años. Yo hice el delantero, una amiga la espalda y otra las mangas. Al coserlo se notaba que había pasado por distintas manos, pero él lo lucía encantado. Aquello quedó en el olvido hasta hace 3 años que una buena amiga me recomendó retomarlo para olvidar el estrés del día. Tenía razón, ahora tejer es algo a lo que necesito dedicarle un ratito todos los días. Las agujas siempre en el bolso porque nunca se sabe cuando esperar te puede desesperar.
Crochetingclub.

Aprendí los puntos básicos gracias a mi madre. La veía en las tardes haciendo las clásicas cortinitas de crochet. Hace algunos años no me interesaba el tema, pero sí me gustaba todo lo relacionado con el mundo oriental. Me acerqué al mundo de los amigurumis gracias a internet y seguí mi aprendizaje gracias a YouTube. De a poco, me animé a realizar mis propios diseños y saltar a un mundo de posibilidades creativas.
Anneris, de Amigurumi Food.

Yo aprendí a hacer punto y ganchillo con mi madre, que era una gran tejedora. Me enseñó cuando tenía unos 4 o 5 años porque yo era hija única e hiperactiva y descubrió que era una manera fantástica de calmarme y tenerme ocupada…
Nos sentábamos en verano en la puerta de casa con el resto de las vecinas y nos poníamos a tejer. Yo recuerdo que a las vecinas les hacía muchísima gracia que hiciera el punto de derecho con la mano izquierda, porque les parecía una rareza, y ahora me siento más cómoda haciendo punto continental.
Con el tiempo, aprendí a leer los gráficos de las revistas para hacerle las muestras a mi madre. Aprender de ella ha sido el mejor legado que tengo.
Louis et moi.

Aunque alguna vez en mi adolescencia sostuve un par de agujas en mis brazos mi madre no logró que me enganchara al punto. Tras estos últimos años dedicada al ganchillo es ahora cuando realmente estoy aprendiendo -y disfruntando mucho- esta técnica. De hecho, gracias a Ángela agarro las agujas circulares cada vez con menos tensión y tejo al estilo continental como me enseñó en su taller.
Marisa Guerrero, de Kraftcroch. [Ver post]

Mi madre es una gran tejedora y cuando yo tenía unos diez años me enseñó a hacer media. Ella me montó los puntos y empecé a tejerme una bufanda con punto bobo. No se me daba mal y me gustaba, pero me harté de hacer lo mismo durante tantas hileras, por lo que decidí parar de tejer y reconvertir esa pieza en una mantita para mis muñecas. Durante mi adolescencia retomé las agujas para interpretar a una abuelita en una obra de teatro del instituto pero, como de ficción se trataba, sólo tejí durante los ensayos y en el estreno y aquel tejido nunca se convirtió en nada en concreto. Así que, en realidad, ha sido en la edad adulta cuando me ha entrado el gusanillo de verdad, tanto por el tricot como por el ganchillo, ¡y ahora no soy capaz de parar!
Jenny Martínez-O., de Crafteando, que es gerundio.

Quienes siguen nuestro blog ya saben que en Anabelia somos tres hermanas adictas al ganchillo. Lo aprendimos de niñas y fue un empeño personal de nuestra madre a la que tendríamos que hacerle un monumento porque éramos unas alumnas poco aventajadas y con nula motivación. Lo odiábamos. Además, yo soy zurda y aprendí a tejer ¡con la derecha! Aún recuerdo lo primero que hice: unos cogederos horrorosos que mi madre, sin embargo, mostraba muy orgullosa a todas las visitas. Después de esta primera fase de aprendizaje, mi madre olvidó para siempre el ganchillo para felicidad de nosotras tres. Ha sido una casualidad, una coincidencia, que las tres hayamos empezado a tejer nuevamente en esta fase de nuestras vidas y lo hacemos con sumo placer. ¡Quién nos lo diría! Ahora nos corresponde transmitir nuestros conocimientos a la siguiente generación, nuestras hijas. Y he de decir que, para sorpresa y alegría nuestra, se lo están tomando con mucha motivación”.
Celia, de Anabelia Handmade.

Fue en el siglo pasado, era muy pequeña. Mi madre, modista y ama de casa, hacía magia con una aguja. Vale, sé que lo de magia es un poco ñoño, pero es que era una niña y así lo veía, me fascinaba que puntito a puntito salieran cosas tan grandes, círculos perfectos con flores y hojitas. Supongo que me puse muy pesada, y me enseñó su arte. Me volví imparable. Colmé de círculos no tan perfectos a toda la familia, hasta que lo dejé, no sé muy bien porqué. Hace pocos años, navegando por internet, descubrí los amigurumis. La magia volvió y se hizo 3D. Gracias mamá.
Pebie Crochet.

Empecé a tejer hace más de 7 años durante la época de exámenes del último curso de la carrera. Me esperaba un aburrido fin de semana con examen el lunes, así que se me ocurrió hacer algo diferente durante los descansos. Le pedí a mi madre que me enseñara a hacer ganchillo. Después de mucho practicar, el domingo tenía una tira de ganchillo llena de errores, nada uniforme y que cada vez se iba estrechando más. Los puntos desaparecían. Pero me enganchó, así que empecé a buscar en internet qué se podía hacer con ganchillo. Entonces descubrí los amigurumis… y hasta hoy :)
Ana, de Espacio Crochet. [Ver post]

Fuente.

LAS PROFESORAS FUERON LA MADRE Y LA ABUELA

Empecé a tejer cerca de las faldas de mi madre y de mi abuela, seducida por las bolsas de lanas viejas, por el arte con que mi abuela hacía los ovillos. Es más, yo no aprendí a tejer, aprendí a hacer ovillos. Yo lo que quería era hacer ovillos de lana. Yo no sé de qué manera, cuándo no tenía a nadie para ayudarme, usaba una silla a modo de ayudante, liaba la lana en el respaldo y luego hacía un ovillo. Lo que hacía también eran inmensos nudos que luego me desesperaban, hasta que abandonaba la lana en algún rincón. Y por ahí quedaban enormes jaleos de lana de colores. Ocurre hoy igual, hay cosas que no cambian. Todavía el otro día me encontré en el maletero del coche un inmenso jaleo azul. Yo no quiero tejer, yo tejo para jugar con los ovillos y para crear inmensos jaleos de lana ;)
Carmen Astuy, de Mendruga. [Ver post]

La primera vez que lo intenté lo dejé sin llegar a tejer la bufanda básica de novata. ¡Y es que un error de novata también es empezar con 10 puntos y terminar con 30! ¡Y lo único que conseguía era hacer un triángulo pero mal hecho! La siguiente vez fue hace unos 6 años y esta vez, entre mi madre, mi abuela y un poquito más de paciencia por mi parte, ¡lo logré! Y lo sigo logrando, porque el tejer es algo que nunca se deja de aprender.
Sandra.

Aprendí de pequeña, no es que mi madre tejiera mucho, pero me gustaba enredar con las agujas y los hilos, así que mi madre me montaba los puntos y yo hacía punto bobo non-stop. Con los años me olvidé por completo de aquello, y una vez saqué DIARTE quise complementarla con algo hecho a mano. Recurrí a mi abuela, que sabe mucho, pero no tiene paciencia y odia la lana gorda. Así que he ido aprendiendo a base de práctica. También he recurrido a veces a abuelas de amigas, que están encantadas de sentarse con alguien joven a tejer”
Ana Diarte de DIARTE. [Ver post]

A mí me enseñaron a tejer mi abuela y mi madre cuando era pequeña. Mi abuela, como todas las abuelas, con su paciencia infinita me enseñó ganchillo. Por eso me llena tanto y me considero ganchillera a muerte. Para mí es una alegría enorme poder enseñarle mis amigurumis y demás cositas que hago y ver lo feliz que le hace (¡tiene 95 años y aún teje!). A tejer a dos agujas me enseñó mi madre, y como la gran mayoría de las madres carece de la paciencia de las abuelas. Al final siempre acaba quitándome las agujas y haciéndolo ella. Por eso, no me paso al lado oscuro.
Mel, de Gallimelmas e Imaginancias. [Ver post]

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Fuente.

LA PROFESORA FUE UNA REVISTA

Era un verano de vacaciones en mi primer año de universidad. Una de esas sobremesas donde ya estás aburrida de tanto tiempo libre sin estudiar (¡quién las pillara ahora!), y me fijé por casualidad en una de las revistas de ganchillo de mi madre. Me llamaron la atención los esquemas, y pensé que no podía ser más difícil de entender que los algoritmos de mis clases de matemática discreta. Así que me puse a intentarlo y ésa fue mi perdición: caí enganchada sin remedio (puedo decir sin ningún género de dudas que ése es el punto de inflexión). Mi madre me resolvió algunas de las dudas (aunque ella es más de punto), y el resto ha sido y es autodidacta. Tuve unos años de parón, porque me cansé de hacer puntillas a toallas y manteles que no iba a usar nunca porque no son mi estilo. Pero hace unos cuatro años entré de casualidad en el mundo amigurumi, y desde entonces mi vida por las tardes después del trabajo cuando recojo a los mochuelos está llena de piezas de puzzle, coches, cantajuegos y una aguja de ganchillo con su madeja.
Sonia, de El Gallo Bermejo.

Fuente.

LA PROFESORA FUE OTRO FAMILIAR

Aprendí a tejer a los 8 años. Me llamaba la atención como otras “personas mayores” (mayores que yo a esa edad, claro) tejían y pedí que “porfa porfa” me enseñaran. Me enseñó una hermana de mi abuela un verano, recuerdo estar las dos sentadas en su porche, armadas cada una con un par de  agujas y un ovillo, ella enseñándome los puntos básicos, y yo intentando acordarme de todas y cada una de sus indicaciones. A veces me volvía loca porque lo que yo quería que me saliera por el derecho me salía por el revés y viceversa jeje. Lo primero que tejí fue un jersey para mi muñeca: “Irenita”.
Irene, de Things to knit.

Fuente.

EL PROFESOR FUE YOUTUBE

Vi a una amiga haciendo amigurumis y…, ¡supe que tenía que aprender! Después de varios intentos fallidos con el DVD de la colección “Ganchillo fácil” que había comprado en el kiosco preferí darme cabezazos con tutoriales de YouTube hasta que por fin un día ¡lo logré! (los videos de The Knit Witch fueron especialmente útiles).
Teje la araña. [Ver post]

Aprendí a tejer en el verano del 2012. Empecé porque una compañera del trabajo me enseñó un cupcake de amigurumi y me alucinó. Me pasé todas las vacaciones viendo los vídeos de Esperanza Rosas y haciendo bolitas de ganchillo que después daba a mi gata (para gran alegría suya). Recuerdo que el primer cuello de ganchillo que me quise hacer lo tejí como si fuera un amigurumi, todo con punto bajo, bien apretado y con una lana acrílica terrible. Así que más que un cuello de lana era un collarín cervical (aún lo conservo por ahí).
Cristina Batista, de oh!villo. [Ver post]

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Fuente.

AUTODIDACTAS

¿Que cómo empezó esta locura? Chica se enamora de un cuello de punto. El cuello está agotado en la tienda. Chica NECESITA el cuello. Chica se flipa y, ni corta ni perezosa, decide aprender a tejer para hacerse uno. Todo lo demás fue una espiral que no dejó de girar. Mi amiga Su me enseñó cómo montar los puntos y hacer lo más básico entre risas, puntos sueltos, bizcocho y cafelito (¿hay mejores ingredientes?). Con la señora Esperanza (de Tejiendo Perú) aprendí a tejer en continental y las primeras técnicas… y entonces descubrí Ravelry, con sus patrones espectaculares y un mundo de posibilidades que me tiene atrapada desde hace ya 3 años.
MJ, de Silencio, estoy contando.

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EL PROFESOR FUE UN LIBRO

Aprendí a tejer hace seis años, nunca me había llamado la atención tejer aunque mi madre ha sido una gran tejedora de dos agujas. Me compré un libro, Manual de todas las técnicas de ganchillo, de Jan Eaton, y unos seis meses después empecé con los amigurumis. El primer patrón de amigurumi que tejí era en japonés. El comentario en casa fue “ganchillo sabes poco y japonés nada…” pero he avanzado bastante desde entonces. Siempre cuento lo mismo, pero fue así. A veces ser cabezota tiene sus ventajas.
Bego, de Bigunki. [Ver post]

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APRENDIERON EN UN CURSO

Aprendí a tejer por mi propia cuenta. Pasó un tiempo hasta que por fin una amiga y yo nos animamos a hacer un taller de punto que daban en Donostia. Nada más entrar todas las abuelitas nos miraron muy extrañadas, pensaban que nos habíamos equivocado de taller y nos dijeron que la clase de inglés estaba en el otro aula. La profe tenía unos 80 años y era una fenómena! Fueron unas tardes muy divertidas comiendo pastitas y haciendo punto.
Missmalagata. [Ver post]

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APRENDIERON EN EL COLEGIO

Me enseñaron a tejer ganchillo en la escuela con 10 años. Recuerdo que llevava al cole un ovillo de hilo de algodón rojo y un ganchillo muy fino metido en una caja redonda de lata, de aquellas de galletas daneses de mantequilla. La verdad es que en aquel momento me daba bastante pereza la clase y creo que precisamente era porque la dichosa caja no me cabía en la cartera y tenía que llevarla en la mano. Cuando acabé EGB, aquella caja y el ganchillo quedaron en el olvido hasta que, muuuchos años después, recuperé la afición aprendiendo nuevas técnicas, practicando con diferentes materiales y empezando a diseñar mis propios objetos. Y así, ¡hasta hoy!
Lady Crochet. [Ver post]

Mi historia tejeril tiene dos partes. La primera: aprendí, como muchos, en el colegio, en clase de Handarbeit (manualidades). ¿Se siguen enseñando esas buenas costumbres? La segunda parte: ¿cómo retome el punto? Pues se acercaban unas navidades y estaba en la quiebra más absoluta (normal con mi “sueldo” de estudiante) y se me ocurrió la fantástica idea de tejer una bufanda a cada miembro de mi familia. No hace falta que os diga que estaba muy equivocada, me salió por un pico pero me enganché y desde ahí sólo tejo, tejo, tejo. Mi salvadora fue la página KnittingHelp. Ah, y soy autodidacta total, nunca he ido a una clase de punto.
Sigrid Seidel.

Hola perdón, no se si voy tarde, yo aprendí a coser, tejer, bordar, etc en el Colegio, tenía una asignatura que se llamaba pretecnología (que acabo de ver que no significa nada, qué curioso). Aunque en teoría deberíamos haber visto temas con madera electricidad, y cosas así. Nosotras (solo chicas) hacíamos labores. A muchas niñas se las hacían sus abuelas, yo en cambio estaba feliz cosiendo y tejiendo en clase. Aunque no me hubiera importado un poquito de electrónica también ja,ja.
Lidia G, de Le Petit Paquebot.

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NO RECUERDAN (PERO SEGURO QUE MADRE O ABUELA INTERVINIERON)

No tengo recuerdo de cuando empecé a andar e igual me pasa con el ganchillo. Mi abuela y mi madre han tenido siempre una labor en la mano, en casa nunca se ha oído: cuidado con las agujas que están las niñas. Tanto los materiales como ellas estaban disponibles para acompañar en lo que emprendiera. He aprendido por imitación, experimentación y supongo que lo que era juego se convirtió en afición. No tuve elección y estoy muy agradecida de ese aprendizaje. Creo que algún gen tengo en forma de aguja.
María, de Araña Tejedora.

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ELLOS TAMBIÉN TEJEN

Hace bastantes años estaba con mi amiga Ito en Ibiza en un mercadillo de artesanos, Las Dalias . Paseando vimos en una parada un sombrero de algodón hecho de ganchillo, Ito se enamoro de el y yo quise comprárselo pero no me dejo. Después de insistirle mucho le dije que yo se lo tejería.
Cuando regrese a Barcelona. le pedí a Mabel que me enseñara a hacer ganchillo. Después de unos cuantos meses conseguí hacerlo.
Ahora es Mabel la que me pide algún consejo de vez en cuando. También he tenido más maestras, Nuria, Yolanda y las que espero que en el futuro me sigan enseñando.
Josep Mestres. [Ver post]

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EL PROFESOR FUE INTERNET

Lo mío fue un flechazo. No entraba en mis planes enamorarme (sí de otras historias o quehaceres, pero desde luego no del punto…). Andaba yo un buen día curioseando en blogs de cocina cuando me topé con una blogger que además de cocinar tejía. Acababa de terminar un chal Estonio. ¡Y prendió la chispa! Me da rabia no recordar el nombre del blog ni del chal ni nada de nada.
Marisa Muñoz, de Al Abrigo. [Ver post]

NUESTRAS CONSTATACIONES

  • Tejer se transmite en generaciones consecutivas: ganan las madres como profesoras.
  • Las madres suelen ser un pelín menos pacientes que las abuelas.
  • Muchas tejedoras han aprendido a tejer porque eran muy parlanchinas o revoltosas. Tejer amansa a las fieras.
  • Ausencia absoluta de padres y abuelos como profesores de punto. Definitivamente, en el siglo XX tejer fue un asunto mayoritariamente femenino.
  • La mayoría aprendió durante la infancia pero no lo convirtió en una de sus principales ocupaciones hasta la edad adulta.

Ya conoces esta treintena de historias. ¿Nos cuenta ahora la tuya? Nos gustaría saber cómo aprendiste a tejer.

Otros artículos:

 Tendencia: taxidermia tejeril.

 Tendencia: hilados fluorescentes y colores neón.

 ¿Es el trapillo bueno para la escena tejeril?.

 Tejer en tiempos de guerra.

 Tejer en la literatura.

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Desde su nacimiento, el blog de La Maison Bisoux ha procurado ofrecer regularmente contenidos didácticos. Este es el post que recopila todos los publicados hasta el momento. Eso sí, para encontrar fácilmente todos los posts que consideramos didácticos, basta con acudir a la etiqueta creada para tal efecto, que hemos titulado, muy originalmente, Didáctico.

(Uno de los patrones seleccionado en el post sobre Ropa para bebés)

 Aviones y agujas: los proyectos pasajeros.

 Chaquetas y jerseys top-down estilo raglán.

 Cómo organizar tus útiles tejeriles.

 Cómo organizar nuestras madejas en casa.

 Cómo tomar las medidas del cuerpo para tejer.

 Consultorio Lanero: Ropa para bebés.

 El estándar de dificultad para punto y ganchillo.

 El estándar de peso de las madejas.

 Equivalencias de agujas.

 Grosores de lana o “Yarn weight”.

 La importancia de tejer muestras.

 Medidas estándar para bebés, niños, mujeres y hombres.

 Medidas estándar para gorros y calcetines.

 Tweed.

 Vídeos explicativos de ganchillo.

 Vídeos explicativos de punto.

Nota: los más importantes posts de la historia del blog están recopiladas en la sección Lo más destacado.

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A medida que nos vamos introduciendo en el punto y el ganchillo, van apareciendo ante nosotros un montón de herramientas muy útiles que no sabemos muy bien cómo ir guardando. Marcadores, imperdibles, agujas auxiliares y otros útiles se van acumulando en bolsitas y estuches y a veces no encontramos los que necesitamos en el momento justo. Este es el post en el que vamos a ofrecer consejos sobre cómo ordenarlos y almacenarlos.

Los marcadores de punto e imperdibles pequeños andaban por estuches, monederos, cajas de latas… Cada vez que buscaba el que necesitaba, estaba en un estuche diferente al que había mirado. Dando un paseo, encontré el envase ideal para organizar estas pequeñas piezas.

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Este práctico envase me permite tener organizados los marcadores por tipos: imperdibles, marcadores abiertos, anillos y marcadores de punto. Como cada piso se enrosca, puedes utilizar sólo los que necesites: uno, tres o cinco. Además, al ser transparente, de un vistazo ves lo que tienes y abres justo el apartado que necesitas. Otro de los aspectos positivos de este envase es que también tiene el tamaño ideal para colocar las cintas métricas.

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Otras de las herramientas  que siempre andaban en caza y captura por casa eran las agujas laneras. Son pequeñitas y pasan desapercibidas a pesar de su tamaño. Para guardar las agujas, Clover tuvo una idea fantástica: los tubos Chibi. También hay otros tubos muy prácticos que nos pueden servir de ayuda: los tubos de plástico en los que se comercializan algunas cremas y medicamentos.

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Al ir de viaje, no siempre podemos llevarnos todos nuestros cachivaches con nosotros. Para estas situaciones, he preparado un kit tejeril de viaje. En una lata pequeña, coloco un hebra, algunas agujas laneras, botones, marcadores y algunas otras cosas que podría necesitar. A su vez, esta lata va en un estuche en el que incluyo una aguja de ganchillo, un metro, un medidor de agujas y otras herramientas auxiliares.

Las latas pequeñas de caramelos, gominolas o chocolates tienen el tamaño ideal para guardar las pequeñas herramientas necesarias para nuestra actividad. Podemos colocar marcadores de varios tipos, agujas, botones, agujas para trenzas

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Por último, todas aquellas cosas que no caben en latas u otros envases las coloco en un monedero más amplio. Más que un cajón de sastre, es un estuche de tejedora. A este monedero le tengo especial cariño pues lleva conmigo desde que retomé mi faceta de tejedora en Oporto. De hecho, compré este porque era similar al de XanaEl de ella era mucho más bonito pero por aquel tiempo yo estaba bastante lejos de conseguir tejer una cosa tan hermosa y bien terminada.

Otros posts didácticos:

 Cómo organizar nuestras madejas en casa.

 Chaquetas y jerseys top-down estilo raglán.

 La importancia de tejer muestras.

 Medidas estándar para gorros y calcetines.

 El estándar de peso de las madejas.

Nota: otros posts didácticos, junto con algunos de los más importantes de la historia del blog, están recopiladas en la sección Lo más destacado.

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Trapillo es el término genérico que se emplea para clasificar todos los hilados realizados con tela. Nació como una forma de aprovechar los restos de telas y de reciclar las prendas en desuso. Actualmente, no obstante, la mayor parte de bobinas que se comercializan con la etiqueta ‘trapillo’ son producidas industrialmente. Este es, sobre todo, el fenómeno por el que nos interesamos en este post. Aquello que queremos analizar no es el empleo de tela para tejer sino el asombroso auge de la venta de trapillo: una cosa es el reciclaje doméstico y otra muy distinta el producto fabricado. De hecho, los proyectos que ilustran este post han sido creados con tela reciclada y todos nos parecen estupendos.

En España lleva al menos dos años siendo una de las mayores tendencias del ganchillo. No contamos con los datos de su aceptación en el resto del mundo, pero sí sabemos que en Portugal, por ejemplo, tuvo éxito unos años antes.

Aquí ha causado sensación: habrás visto los ovillos en prácticamente todas las tiendas de lana y de labores en general; proliferan los cursos en los que la palabra ‘trapillo’ se emplea como reclamo; protagoniza instrucciones y patrones; y, finalmente, cada vez son más las webs y blogs enteramente dedicados a este material.

Pues bien, en La Maison Bisoux nos preguntamos si esta tendencia es buena para la escena tejeril, así que hemos analizado sus principales ventajas y desventajas. Es evidente que a nosotros no nos entusiasman las bobinas de trapillo –por eso no los incluimos en la oferta de nuestra tienda online–, y este es un texto argumentativo en el que defendemos la tesis de que el trapillo no es muy beneficioso para la escena tejeril. Dicho esto, procuraremos ser tan objetivos como nos sea posible y sí expondremos sus virtudes. Al fin y al cabo, aquello que nos interesa en fomentar el debate pues no estamos seguros de que nuestro punto de vista sea el más acertado.

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VENTAJAS:

  • Los proyectos se tejen con rapidez, de modo que la satisfacción es casi inmediata.
  • Derivado del anterior: puede ser un buen material para iniciarse en el mundo del ganchillo, dado que se observa pronto el avance. L@s alumn@s pueden salir de su primer curso con un proyecto terminado.
  • Segunda consecuencia: puede ser una efectiva puerta de entrada a la comunidad tejeril.
  • Cuando se trata de trapillo realizado en casa, permite reciclar y aprovechar telas.
  • Es barato -ventaja que ha sido rebatida por la mayor parte de tejedoras consultadas, dicho sea de paso-.
  • Se pueden lavar en lavadora.
  • Habitualmente, una bobina basta para un proyecto: otro punto a favor de su bajo precio.

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DESVENTAJAS:

  • La mayoría de bobinas que verás en tiendas son producidas industrialmente, de modo que el componente ecológico del reciclaje se pierde.
  • Es necesario hacer bastante fuerza para tejer, por lo que puedes acabar con un considerable dolor de muñecas.
  • Suelen ser proyectos voluminosos que se tejen con agujas grandes, así que no son precisamente portátiles.
  • La creciente oferta de trapillo en tiendas arrincona a los hilados de mayor calidad o limita su presencia.
  • Como corolario de lo anterior, puede devaluar el aprecio por los hilados de calidad: con trapillo no se obtiene el mismo resultado.
  • La rapidez con la que se teje es uno de sus principales atractivos. No obstante, a largo plazo sus consecuencias pueden ser negativas. Si acostumbramos a las tejedoras noveles a realizar proyectos en poco tiempo, costará bastante más que luego se atrevan con propuestas ambiciosas que requieren de muchas más horas de dedicación.
  • Buena parte del encanto de tejer reside en el acto mismo de tejer. Emprender un proyecto largo nos ayuda a ser pacientes y favorece la relajación. Dicho de manera general, se trata de disfrutar del viaje y no tanto del destino.
  • El trapillo es adecuado para cestas, pufs, alfombras y proyectos de ese tipo, pero ahí debería acabar su alcance. Las prendas de trapillo corren un elevado riesgo de terminar en el cajón de los horrores tejeriles y, debido al peso que alcanzan, serían poco prácticas –un jersey de trapillo sería una buena armadura, por ejemplo–. En cuanto a los amigurumis de trapillo, mejor pensárselo dos veces si su tamaño es grande: al disminuir puntos puedes acabar con una luxación de muñeca.
  • Los cursos de ganchillo con trapillo en los que uno se va a casa con un proyecto tejido en un par de horas tienen su atractivo, es evidente. Sin embargo, también ese aspecto puede ser contraproducente. Da la sensación de que se pone el énfasis en tener algo que mostrar a los demás y no en aquello que debería ser esencial, esto es, enseñar bien a l@s alumn@s para que esto sean autónom@s cuanto antes.

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OTROS ASPECTOS QUE CONSIDERAR:

  • Lo esencial es el proyecto resultante, no el material con el que se teja.
  • Para algunos proyectos la tela es una de las mejores elecciones.
  • La estética de la tela puede tener su encanto, aunque sólo sea como contraste respecto a la lana.

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OTRAS OPINIONES:

Para que este artículo sea lo más completo posible y ofrezca diversas perspectivas sobre el asunto, hemos pedido a destacad@s tejedores/as que dejen sus opiniones por escrito.

Siona (fundadora de Madrid Knits y Labores en Red)
Mi opinión como tejedora es que el trapillo está bien para hacer algunos accesorios en ganchillo. En punto es un suplicio. Como todo en esta vida acaba cansando ver tanto trapillo y tan poca calidad en lanas últimamente. Lo dicho, no soy pro-trapillo ;)

Ana Tenorio (Home Made)
Primeramente hay ciertas aplicaciones como bolsos que quizás sea las que más abundan y las que menos apropiadas me parecen, sobre todo por el peso. Tampoco lo veo apropiado para prendas. Una chica me consultó el hacerse un cuello con trapillo y yo se lo desaconsejé. A los pocos días vino de nuevo y me dijo que tenía razón, que en cuanto salió por la puerta con él fue un suplicio llevar eso colgado del cuello y se lo quitó.

Sin embargo tiene muchas virtudes. Resulta muy creativo, resistente y de infinidad de aplicaciones:  alfombras, pufs, lámparas, cestos, para forrar piezas, hacer fundas para sillas… Todo lo que se te pueda ocurrir teniendo el cuenta el peso. Un ejemplo de ello son algunos de mis patrones en ganchillo XXL. En poco tiempo crecen las piezas y es muy satisfactorio. Hay muchas calidades y colores. Yo lo he utilizado para cantidad de cosas como en escaparatismo o incluso en la acción de los rederos.

Es un material como cualquier otro, excelente para tejer tanto a ganchillo como a calceta. Cualquier material es susceptible de ser tejido, lo importante es decidir bien la aplicación. Por descontado, otra característica de tejer en XXL en cualquier material es que resulta ideal para iniciación, pues el punto se ve muy claramente y se entiende mejor. Es quizás duro de trabajar pues por un lado implica agujas de mayor calibre y por otro el peso. Dependiendo de la pieza, en alfombras por ejemplo, no la puedes trabajar sobre tus piernas como si fuese una manta, je,je, has de trabajarla directamente en el suelo. Implica un trabajo ya no solo de las manos sino de todo el cuerpo en piezas grandes y también otra forma de tejer, pues no puedes coger igualmente el gancho o las agujas de calceta.

Nani (Fíos e las)
El trapillo, como todo, tiene aspectos positivos y aspectos negativos. He intentado justificar de la mejor manera posible todo lo que digo.

Lo bueno:
- Cunde mucho, en un par de horas puedes tener una pieza completa.
- Ha llamado la atención de muchos no-tejedores que se han iniciado con el trapillo y los ha convertido en tejedores de otras fibras
- Es un gesto ecológico, dado que son fibras de deshecho de la industria textil, está hecho con trozos de jerseys y camisetas.
- Como está de moda se vende muchísimo, todo lo relacionado con el trapillo (bobinas, patrones, agujas, ganchillos…) es rentable.
- Cubre un vacío de los grosores de las fibras, hasta la llegada del trapillo apenas había materiales pensados para trabajar con aguja/ganchillo del 15/20. De hecho me aventuro a augurar que la cuerda va a desbancar al trapillo, porque con el mismo grosor es más ligera y el acabado es más bonito en líneas generales.

Lo malo:
- Es una locura que una fibra de deshecho cueste entre 5,50€ los 800 gramos.
- Como es una fibra de deshecho no se pueden elegir colores y no conservan las tintadas en el tiempo.
- Tampoco hay una etiqueta completa en el que te indiquen los metros exactos de la bobina, ni la aguja que hay que utilizar.
- Trabajarlo no es agradable, como es tan grueso cuesta hacer cada punto, digamos que el proceso de tejido no es divertido.
- El trapillo pesa muchísimo, una vez trabajado a ganchillo puede convertirse en arma arrojadiza.
- Dadas sus características no es una fibra polivalente, no puedes hacer, por ejemplo, prendas de vestir con trapillo (no es el material más adecuado), solo sirve para cosas de casa.

Pablo Navarro (Patrones Trapillo)
Como sabéis, nosotros hace poco lanzamos nuestra web de trapillo en la que compartimos patrones, al igual que hacemos en Patronesamigurumi.org pero con trapillo. Así que nuestra opinión sobre este material es más que buena, nos parece que los artículos creados con trapillo son realmente vistosos y rápidos de hacer, y además no es necesario tener grandes conocimientos para crear cosas bonitas.

Eso sí, tiene sus pros y sus contras. Los productos que se pueden crear están limitados a cosas de casa como alfombras, tapetes, cestas, cojines, pufs… o bien complementos, sobre todo bolsos. Es un material reciclado, por lo que tiene un carácter ecológico, lo cual muchas veces no se corresponde con su precio, en ocasiones excesivamente caro.

Otro de los principales inconvenientes es su peso. Es verdad que no se puede crear ropa con este material, ya que es muy pesado. Nos referimos a ropa de vestir, sin embargo se pueden crear disfraces u otras prendas puntuales, ya que quedan muy graciosas.

Y, por último, la desinformación que hay con respecto a grosores, metros de bobina, elasticidad, colores,… Si estuviera todo clasificado sería más fácil, ya que en ocasiones cuando cambiamos de hilo no casa con el anterior, al igual que el tema de la elasticidad del material, que puede hacer que se curve el tejido según lo que aprietes las puntadas.

En conclusión, creemos que el mundo del trapillo está por explotar todavía, por la facilidad con la que se trabaja y porque la imaginación de los usuarios que suben sus creaciones a sus webs y blogs no tiene límites.

Mel (Gallimelmas e Imaginancias)
Yo creo que el trapillo es bueno para la escena tejeril. Es un material que ofrece un amplio abanico de posibles aplicaciones XXL, como ya lo hicieron, lo hacen y lo harán las cuerdas de colores, y que permite ir aumentando la lista de futuros proyectos y nos anima a experimentar. Si bien mal usado, mal tejido y en labores que requieren del uso de un hilado de menor grosor, el trapillo queda tosco. Pero la culpa no es del material, sino del tejedor.

Por ejemplo, el grosor y la textura del trapillo permite ver muy bien los puntos, algo que es ideal para los que se inician en el ganchillo ya que aprenden con facilidad los distintos puntos, los aumentos y las disminuciones, y a contar. Sin embargo, una mala elección de la aguja puede fastidiar por completo una labor, haciéndola tediosa y dificil de tejer si la aguja es menor de lo que necesitaríamos y afeándola y llenándola de agujeros si es mayor. Siempre tenemos que tener en cuenta que al ser un material grueso todos los defectos y errores que se cometen con otros hilados y que pueden disimularse en algún momento, con él se exagerarán.

Esto también puede trasladarse al proyecto que vayamos a realizar. El trapillo, en general, pesa y su fibra es gruesa, es ideal para proyectos para el hogar, desde cestas, cojines, maceteros, fundas de banquetas, pufs, hasta alfombras…, y cuanto más sencillo el punto que empleemos más bonito queda. Los proyectos laboriosos, con calados y puntos complicados, no lucen como lo hacen con otras fibras. Existe un trapillo de menor grosor, trabajable con aguja del 8 y del 10, que sí que puede usarse para bolsos, cinturones, collares, complementos… Incluso puede tejerse usando sólo una hebra para aligerarlo, pero siempre teniendo en mente el peso de la fibra.

También está el hecho de la variedad de composiciones que podemos encontrar según la bobina. Desde el 100% algodón que tiene una textura dura, seca al tejer y que es poco moldeable pero que es ideal para piezas que necesitas que tengan estabilidad, hasta el 100% nylon o lycra que es suave, agradable, maleable, pesa menos y que se puede usar en proyectos  que requieran un acabado más “flojo”.

Como con todas las cosas en este mundo es importante pararse, observar, pensar y sobre todo encontrar la manera correcta de tejer, ya sea trapillo, lana, algodón, etc…, para conseguir sacar todo el potencial del proyecto y del material. Tejer, pero sobre todo tejer bien, es el encuentro armonico entre la aguja correcta, el material adecuado y el proyecto ideal :)

Clara Montagut (Paseando hilos)
En mi opinión, el trapillo es un material muy interesante para tejer, por su textura (que varía dependiendo del género con el que esté hecho, algodón, elástico, gasa…etc), por lo variado de las técnicas (ganchillo, punto, macramé, tapiz..) con las que se puede tejer y sobe todo por los colores. Al ser un producto heho cn base de tela teñida o estampada, la variedad de tintados es mucho mayor que con la lana o la rafia que están mas limitadas. El inconveniente principal que le veo es su peso en el producto final, viendo limitado su uso ( a mi gusto) para complementos sencillo o para el hogar. Dado que actualmente esta viviendo un boom, otra cosa que me extraña es su alto precio que no se corresponde con la demanda. Cosas de estar de moda.

Josep Mestres (Crochetmestres)
En primer lugar, nunca he trabajado el trapillo, no me llama la atención y mi trabajo está por el momento un poco lejos a que se lo pueda aplicar. Alguna vez lo he mirado para probar a hacer algo, un abrigo por ejemplo, pero su peso me ha hecho desistir. Quizás algún día encuentre alguna fibra que no pese tanto y trate de hacerlo, pero en general y por el momento no me interesa.

Creo que es una buena forma para que la gente que nunca ha tejido empiece a hacerlo y quizás es una buena manera de que luego sigan haciéndolo, que descubran que hacer algo con tus manos es muy gratificante y saludable para tu mente. Cualquier cosa que una persona pueda hacer con sus manos debería ser merecedora de respeto por mucho que no nos guste. Naturalmente me refiero a cosas positivas y constructivas.

Laura Gómez (propietaria de la tienda Nido de Abeja)
Marchando mi más humilde opinión sobre el trapillo, como usuaria del material y también como vendedora.

El trapillo ha traído una auténtica revolución al mundo del craft. Ha sido el causante del acercamiento de muchísimas personas que no tejían al mundo del ganchillo y las labores. Es un material con muchas ventajas: es fácil de tejer, por su grosor permite hacer cosas muy rápido, como todo lo que se teje es muy grande resulta muy “llamativo” y es muy barato (ya que al venir de materiales de deshecho de la industria textil en su proceso sólo necesita el bobinado y la distribución). Pero son justo esas ventajas las que han traído inconvenientes al compararlo con otro material. Obviamente, una lana buena va a costar mucho más que una bobina de trapillo (primero porque no es un deshecho; segundo porque, si es buena, sus fibras serán naturales; y tercero, porque como no suele haber lanas tan grosísimas como el trapillo, siempre se va a necesitar más cantidad de ovillos para hacer algo grande).

Yo descubrí el trapillo hace unos 4 años en Holanda. Me llamó mucho la atención este material en su uso para tejer cosas para la casa (cojines, alfombras, maceteros…). Cuando abrí Nido de abeja no tuve ninguna duda en que quería vender este tipo de material (ya que no se encontraba en ninguna tienda de la ciudad). En esos inicios vendía las bobinas de Sacocharte (que fueron los primeros y los que para mí lo han hecho mejor tanto a nivel de calidad como en lo que a difusión se refiere en esta revolución). Me llegaban bobinas súper bonitas aunque ya existía el problema de no poder elegir colores o que fuesen tiradas limitadas. Traía frita a las pobres chicas de Sacocharte porque yo sólo quería vender boninas lisas y de colores que me gustasen. Poco a poco fueron apareciendo más marcas y, con ellas, una pseudo-guerra de precios con la que me resultaba difícil competir vendiendo Sacocharte. Cada vez más tiendas en Barcelona empezaron a vender trapillo. Llegaron las bobinas de Castelltort (que costaban como 3 veces menos que las de Sacocharte: aunque la calidad fuese bastante inferior, la mayoría de las clientas sólo se fijaban en su precio). Compré estas bobinas un par de veces pero no me gustaron nada, así que me pasé a Trap-art. La moda siguió creciendo y tuve unos meses de ventas locas de trapillo. Todo el mundo quería trapillo y cada vez destiné más estanterías de la tienda a vender este material. Dejé de pedir sólo colores que me gustasen para traer de todo (brillos, animal print y estampados que yo nunca hubiese comprado para mí, y aun así se vendían.) Y me limité a satisfacer únicamente las necesidades de ese público que sólo quería trapillo. Empezaron a abrir tiendas especializadas en ese material, lo que me hizo tener que entrar en su política de precios y producto. Cada vez más trapillo, cada vez más barato.

Y, de repente, un día justo antes de mis vacaciones de verano, miré a las estanterías y descubrí que Nido de abeja había dejado de ser lo que yo quería que fuese (una tienda en la que vender materiales un poco difíciles de encontrar, de buena calidad y, sobre todo, de los materiales que yo compraría) para convertirse en una tienda de trapillo. Ese día me dí cuenta de que tenía que hacer un análisis. Analicé la clientela y me di cuenta de que en esos últimos meses, a pesar de tener más ventas, la gente que venía a comprar sólo compraba ese material y nada más. Mis clientas fijas ya no compraban trapillo. Y vi claro que esas ventas producto de la moda no me pertenecían porque ese no era mi target.

Decidí no venderlo más a pesar de sacrificar ventas porque tocaba pensar con el corazón y no sólo con el bolsillo. Esa misma semana fui a comprar té a granel a una tienda de mi barrio y ví que vendían bolsos de trapillo. ¿Bolsos? ¿En serio?… Porque fundas para tetera, cubretazas o posavasos hubiese tenido un sentido en una tienda de té. Pero, ¿bolsos? Así que fue lo último que necesitaba para llegar a mi conclusión de que tenía mucho sentido vender trapillo cuando casi nadie más lo vendía en Barcelona. Pero ahora que hay trapillo en todas las mercerías, en grandes ferreterías y en todos los chinos, tocaba dejar pasar ese testigo a otros.

El trapillo está siendo una de las modas más grandes en el mundo de las labores. Un boom mucho más grande que el que fue el macramé hace años. Un boom con miles de cosas buenas por estar acercando tanta gente al mundo del craft, pero también es una especie de arma de doble filo ya que como pasa con todas las modas existe saturación en el mercado. Hay bolsos de trapillo tejidos en todo tipo de tiendas: desde tienditas de barrio, hasta las mas pijas de la ciudad, pasando por cadenas como Natura. Sus precios van desde los 10 euros a los 80 euros, y la única diferencia es el canal de venta y que la persona que los haya tejido valore más o menos su tiempo y su “arte”. Y esa valoración del tiempo y de la creatividad de cada uno es lo que diferenciará el producto por encima de todo y marcará la diferencia entre “crafters” y “no crafters” en la burbuja craft.

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Fuente.

NUESTRAS CONCLUSIONES:

Parece poco aventurado afirmar que el trapillo ha sido beneficioso para animar a más personas a aprender ganchillo. En cierto modo, ha sido una prolongación de una tendencia tejeril que la engloba, aquella que privilegia los proyectos de grandes dimensiones tejidos con agujas ídem. No, no es que haya furor por los tamaños grandes, lo que ocurre es que se tejen más rápidamente.

Ahora bien, cabe preguntarse qué enfoque del ganchillo ha fomentado y si se ha convertido en una versión tejeril de una sociedad que exige resultados inmediatos –y con el menor esfuerzo posible, claro está– y en el que lo importante es aparentar. Los cursos llévate-a-casa-lo-que-has-hecho-en-un-ratito- quizá sean una de las más claras manifestaciones de ese estilo de vida.

Como con casi todas las modas, sólo el paso del tiempo permitirá analizar si el trapillo es o no bueno para la escena tejeril. Entonces sabremos si se trata o no de una burbuja en el seno del ganchillo y qué porcentaje de las personas atraídas por este fenómeno siguen tejiendo y, más importante aún, acaban realizando proyectos de mayor envergadura con hilados de calidad.

Ya conocéis nuestra postura y la de las personas consultadas. Ahora nos gustaría que este post fuese el punto de partida de un interesante debate sobre el tema. Leeremos con atención vuestra opinión si tenéis a bien dejarla en el apartado de comentarios.

Otros artículos:

 Tejer en tiempos de guerra.

 Tejer en la literatura.

 ¿Haces amigurumis? A mí es que el sushi no me gusta.

 La máquina de tejer que Nintendo nunca comercializó.

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Cuando nuestra afición por el punto y el ganchillo se transforma en una pasión, hay que tener cuidado: decenas de madejas pueden empezar a conquistar los lugares más recónditos de nuestras casas. Hay tejedoras muy disciplinadas que compran con un proyecto en mente y no acumulan. Hay otras tejedoras, la mayoría, que van incrementando lentamente su colección, de modo que es preciso ordenar y clasificar los tesoros tejeriles.

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Ravelry dispone de una excelente herramienta para organizar el “stash” (las reservas lanares). Podéis subir fotos de las madejas y de un vistazo veis qué tenéis en casa. Además, podéis realizar búsquedas según el color, el grosor o la composición. Para organizar las madejas en casa, utilizo alguno de estos criterios.

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La primera clasificación que hago es según la composición. Cuando vas a tejer un proyecto, piensas si lo quieres para el invierno o el verano, si es una prenda especial… La fibra de las madejas está relacionada con la prenda que queráis tejer y con el momento del año en el que la llevaréis, así que, decidí ordenarlas de este modo:

  1. Lanas:  incluyo aquellas madejas cuya composición es 100% lana y las que tienen algún porcentaje de acrílico (apenas si tengo).
  2. Fibras vegetales: algodón, lino, cáñamo, soja y todos aquellos materiales provenientes de las plantas.
  3. Hilados exquisitos/exóticos: las que tienen composiciones como cashmere, seda, alpaca o camello, por ejemplo.

La categoría reina en mi colección son las Lanas. Otra de las formas en las que suelo buscar la lana ideal para un proyecto es por su grosor. Por ejemplo, si estoy buscando lana para un chal, me voy a las que tengo cobweb+lace o fingering. Por ello, he incluido una subcategoría que atiende al grosor del siguiente modo:

  1. Cobweb + Lace
  2. Fingering
  3. Worsted
  4. Bulky + superbulky

La mayor parte de mis lanas son lace y fingering, de modo que para este grupo he creado subcategorías: lanas coloridas, lanas teñidas a mano, lanas para calcetines… De worsted a superbulky no hago ninguna distinción porque lo guardo todo junto.

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Además de las clasificaciones anteriores, he reservado un apartado especial dedicado a los trabajos con color. Hay lanas que por su composición, colores o textura, me gustan especialmente para trabajar rayas o la técnica de hebras flotantes (stranded knitting). Tengo un ovillo de los colores que más me gustan y los guardo todos juntos. También guardo con estas lanas, aquellas que van cambiando de color gradualmente. Esta es la caja mágica del color.

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Dentro de las fibras vegetales, la mayor parte es 100% algodón. La categoría la completan ovillos de soja, lino y alguna otra fibra. Estos ovillos, a su vez, los subclasifico en lace y fingering+dk. Ya no hago ninguna otra distinción.

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Y por último, está la sección más bonita de la colección, las lanas que llamo exóticas y exquisitas. Son aquellas que he comprado en viajes, con composiciones bastante poco comunes, teñidas a mano, de colores poco habituales o hiladas a mano. Son la joya de la corona.

Además de estas indicaciones, también podéis crear una tabla de excel para tener bajo control todos los kilómetros de lana.

¿Cómo guardar las madejas?

De momento, las estanterías de lanas que tenemos en casa son las de la tienda. Las mías están guardadas en bolsitas de plástico dentro de unas cajas de cartón o de plástico. Las bolsas que empleo son las que tienen autocierre. Se pueden comprar en bazares o en Mercadona. El tamaño que más me gusta es el de 25 x 35 cm. Las cajas de cartón son las que se emplean en las oficinas para guardar los archivos definitivos. Y las cajas de plástico también las podréis encontrar en los ‘Todo a cien’.

Y vosotras, ¿cómo ordenáis vuestro alijo?

Ver también:

 Ideas para ordenar madejas y ovillos.

Otros posts didácticos:

 Chaquetas y jerseys top-down estilo raglán.

 La importancia de tejer muestras.

 Medidas estándar para gorros y calcetines.

 El estándar de peso de las madejas.

 Medidas estándar para bebés, niños, mujeres y hombres.

Nota: otros posts didácticos, junto con algunos de los más importantes de la historia del blog, están recopiladas en la sección Lo más destacado.

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Cuando llegas a Ravelry, descubres que es posible tejer una chaqueta o un jersey de una pieza y evitar las temidas costuras.  Tradicionalmente, las piezas de un jersey se han tejido como se confeccionan las prendas en costura: delantero (dos si es una chaqueta), espalda y mangas. Cuando ya están tejidas las piezas, se empieza a coser todo y finalmente puedes comprobar cómo te queda la prenda.

Por un lado, tejer las piezas independientemente te permite trabajar con menos puntos en cada vuelta pero es necesario controlar las vueltas tejidas para que cuando se unan las piezas todo coincida. Por otro lado, cuando tejes las prendas de una sola vez, llevas siempre contigo toda la pieza pero es imposible olvidar tejer una vuelta en el delantero respecto de la espalda. También es posible probarte la pieza a medida que vas tejiendo y realizar las modificaciones convenientes para que se adapte bien a tu figura.

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Como veis, cada estilo tiene sus ventajas y desventajas. Si todavía no te has iniciado en estas prendas sin costuras, te mostramos en este post cómo se construyen los jerseys/chaquetas que se tejen de arriba abajo (top-down) al estilo raglán.

Construcción de las chaquetas y jerseys top-down estilo raglán

En primer lugar se montan los puntos correspondientes al cuello. Habitualmente se teje una franja de un punto diferente al jersey para evitar que se enrolle. En función del modelo, hay ocasiones en las que se introducen vueltas cortas para que la parte de la espalda quede más alta respecto del delantero.

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Antes de comenzar los aumentos, hay una vuelta previa en la que se colocan los marcadores. Estos elementos ayudan a separar las partes que componen la prenda: delantero, espalda y dos mangas. Siempre vamos a tener un punto de referencia en el que vamos a aumentar antes y después de tejerlo. Se pueden colocar cuatro u ocho marcadores según sea la referencia del raglán:

  • Cuatro marcadores: separan el/los delantero/s, las mangas y la espalda. Los aumentos se realizan así: tejes hasta un pto antes del marcador, aumento, tejes 1 pto, saltas el marcador, tejes 1 pto y aumento.
  • Ocho marcadores: además de separar las diferentes partes de la prenda, quedan marcados los puntos del raglán. Se coloca un marcador antes y otro después del punto de referencia. Así se aumenta: tejes hasta el marcador, aumento, saltas marcador, tejes 1 pto, saltas el marcador, aumento. Hay veces en las que, en lugar de 1 punto de raglán, se toman de referencia 2.

En adelante, los incrementos se producen en las vueltas del derecho. Si la diseñadora no indica lo contrario, en las vueltas del revés nunca se debe aumentar. Por lo tanto, en cada vuelta del derecho se incrementa 8 ptos de la siguiente forma (independientemente del número de marcadores que haya):

  • Chaqueta: 1 pto delantero izdo – 2 pts manga izda – 2 pts espalda – 2 pts manga dcha – 1 pto delantero dcha.
  • Jersey: 1 pto espalda – 2 pts manga izda – 2 pts delantero – 2 pts manga dcha – 1 pto espalda. (el orden de estos aumentos dependerá de dónde esté colocado el inicio de la vuelta).

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Se incrementa en vueltas alternas y en cada vuelta se aumentan 8 puntos. Dependiendo del diseño o de la diseñadora, hay veces que esos aumentos se modifican e introducen una vuelta del derecho en la que no hay que aumentar o sólo se aumentan en las mangas. Son cuestiones relativas al diseño o a las matemáticas. Lo habitual es aumentar 8 puntos en cada vuelta del derecho y trabajar la vuelta del revés lisa.

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Una vez ya está tejido el canesú, continuamos tejiendo separando los puntos correspondientes a las mangas y al cuerpo. Esta separación se realiza de la siguiente forma:

  • Chaqueta: se tejen los pts del delantero izquierdo, se pasan los puntos de las mangas a una hebra y se dejan en espera, se monta algún punto para la sisa -hay modelos que no añaden nada-, se tejen los puntos de la espalda, se repite lo anterior para la manga y, finalmente, se teje el otro delantero.
  • Jersey: se tejen los pts de la primera mitad de la espalda, se pasan los puntos de las mangas a una hebra y se dejan en espera, se monta algún punto para la sisa -hay modelos que no añaden nada-, se tejen los puntos de la espalda, se repite lo anterior para la manga y, finalmente, se teje la otra mitad de los pts de la espalda.

En cuanto a los puntos de raglán se reparten así: si hay un pto, se incorpora al cuerpo; si hay dos puntos, uno se coloca en el cuerpo y el otro en la manga.

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Llegados a este punto, sólo hay que seguir tejiendo el cuerpo hasta el tamaño deseado. Se cierran los puntos y cuerpo listo.

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A continuación, se retoman los puntos de las mangas y, si se ha añadido algún punto en la sisa, se cogen e se incluyen en los puntos de las mangas. Es importante que en cuanto terminéis la primera manga, os pongáis rápidamente con la segunda para evitar sufrir el síndrome del segundo par.

Otros posts didácticos:

 La importancia de tejer muestras.

 Medidas estándar para gorros y calcetines.

 El estándar de peso de las madejas.

 Medidas estándar para bebés, niños, mujeres y hombres.

 Aviones y agujas: los proyectos pasajeros.

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Siempre que deseamos tejer una prenda que ha de adaptarse al cuerpo es conveniente realizar una muestra. Aún más si el hilo que hemos escogido no posee unas características similares al que se emplea en el patrón. Habitualmente, las muestras se realizan para chaquetas, jerseys, guantes/mitones/manoplas, calcetines… En el caso de chales, es suficiente con escoger un hilo de un grosor similar al que emplea el modelo.

Una muestra es una referencia de los puntos y vueltas que hay en un área determinada. Según el tipo de patrón, este área de referencia puede ser de 10 x 10 cm2 (4″), de 5 x 5 cm2 (2″) o de 2,5 x 2,5 cm2 (1″). Las muestras deben tejerse con el tipo de punto que indica el patrón y con un grosor de aguja adecuado. No es lo mismo tejer una muestra de punto musgo que de punto de jersey: en la primera tendremos más puntos y vueltas que en la segunda. Tampoco es lo mismo tejer una muestra con agujas de 3.5 o de 5.0 mm. Vuestro proyecto se puede desvirtuar completamente si no tenéis en cuenta el punto indicado por la diseñadora para la muestra.

A continuación indicamos qué aspectos hay que tener en cuenta para obtener un buen resultado de la muestra:

  • No es obligatorio realizar una muestra de 10 x 10 cm2. Se pueden montar los suficientes puntos (10 puntos extra respecto a lo aconsejado) y tejer las suficientes vueltas para poder medir con comodidad (aproximadamente 5 cm).
  • Es mejor cerrar la muestra y no dejar los puntos en las agujas.
  • No estires excesivamente la muestra, tienes que dejarla con su caída natural.
  • Hay fibras que estiran/encogen después de lavadas. Es aconsejable lavar la muestra en estos casos.
  • Las muestras que incluyan calados siempre hay que lavarlas y bloquearlas. Sólo de esta forma sabremos cuál es el tamaño real de la muestra tejida.

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(Compra aquí este Medidor y calibrador Addi)

Comparaciones: muestra tejida – muestra patrón

Supuesto 1. Si el hilo escogido es de un grosor similar y la muestra tejida con las agujas que recomienda es exacta a la del modelo, estás de enhorabuena. El siguiente paso será escoger directamente la talla que deseis tejer.

Supuesto 2. Si por el contrario tu muestra varía en dos o tres puntos respecto del modelo, todavía tenemos un as en la manga para conseguir que coincidan.

  • 2A. Si tu muestra mide de uno a tres puntos más, puedes volver a tejer la muestra con una aguja de 0,5 mm menos. De este modo, la muestra quedará más apretada pero posiblemente resuelvas el asunto de la muestra.
  • 2B. En cambio, si la muestra tiene de uno a tres puntos menos, una aguja de 0,5 mm más puede ser la solución.

Supuesto 3. El tercer caso que puede presentarse es que sean muchos los puntos de diferencia entre la nuestra y el modelo. En este supuesto tenemos dos posibilidades. La primera sería tejer una talla más grande o más pequeña para conseguir la nuestra. Todos los patrones con tallas dan las medidas clave que hay tener en cuenta para escoger la talla. Por ejemplo: en una chaqueta, el contorno del pecho; en un gorro, el diámetro de la cabeza; en un calcetín, el largo de la planta y la circunferencia del pie. Estas medidas definen cada uno de los modelos, pues el resto guardan proporcionalidad con ellas. Por lo tanto, sabiendo cuál es tu medida clave (contorno de pecho, diámetro de la cabeza..), con una regla de tres podemos saber cuántos puntos son necesarios en ese lugar:

Pts [mis puntos] = Pts [mi muestra] x Cms [mi medida] / 10

Una vez obtenemos este número mágico, hay que volver al patrón y buscar el lugar en el que indican cuáles son los puntos que hay para las diferentes tallas de esta medida de referencia. Si el patrón tiene las suficientes tallas, escogeremos aquella que se acerque más al resultado que hemos obtenido. A partir de ese momento, tendrás que seguir las instrucciones de la talla que coincide para tu muestra. Si, por ejemplo, tienes 95 cm de pecho y en tu muestra salen más puntos que en la muestra del modelo, podrías tejer el modelo de la talla 85. En cambio, si te salen mucho menos puntos, podrías que tejer el modelo de la talla 105 cm.

Supuesto 4. Normalmente, salvo excepciones, los patrones no incluyen desde la talla 34 hasta la 54. Así que si tú y tu muestra no estáis en ninguno de los supuestos anteriores, el cuarto supuesto es rehacer todo el patrón con tus propios números. Con sencillas reglas de tres, debes ir traduciendo los puntos del patrón para tu talla en cm y, posteriormente, volverlos a traducir de cm a los puntos/vueltas según tu muestra. Igual que en otro sistema de medida, los puntos y los centímetros están relacionados. La muestra es elemento que los une y los define.

Consejos finales:

Es importante que tengas muy en cuenta cuál es el resultado que buscas. Si es una chaqueta lisa y gruesa, es conveniente que el punto quede apretado. Por otro lado, si deseáis que sea una pieza ligera la muestra debe quedar más suelta y floja. Esto es una cuestión personal, es vuestra decisión.

Aunque penséis que el tiempo empleado en realizar una muestra es mal empleado, no lo es del todo. En el proceso de elaborar una muestra, estáis en contacto con el hilo, puedes saber si el material de las agujas empleado te gusta o no, si permite que el hilo se mueva con soltura, cómo se comporta cuando lo tejes con un determinado punto… Es un tiempo que te ayuda a conocer mejor la fibra que estás tejiendo. En el caso de que no realices la muestra y a ‘ojímetro’ escojas la talla, puede suceder que tengas que deshacer medio jersey porque no te va bien la talla.

Todo lo reflejado en este artículo es una aproximación empírica, son mis apreciaciones a lo largo de mi experiencia como tejedora. Espero que estos consejos te sirvan de ayuda.

Sólo espero que no os pase como a la protagonista de esta viñeta de Natalie Dee:

-Estoy haciendo un suéter que no me queda bien.

-La muestra es para cobardes.

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 Cómo tomar las medidas del cuerpo para tejer.

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